divendres, d’agost 08, 2008

Crónica del viaje al Festival Country Rendez-Vous 2011 de Craponne Sur Arzon


Nota enviada por: Jordi Guasch

El Festival “Country Rendez-Vous” de Craponne sur Arzon en la región centro-oriental de Haute-Loire, lleva ya veinticuatro años celebrándose. El criterio musical de semejante evento, que dura tres días, comprende un elenco variado de cantantes y grupos procedentes tanto de los EE.UU como de Europa. Se lleva a cabo en una zona campestre ubicada en las afueras de Craponne, donde los asistentes pueden instalarse en tiendas de campaña y roulottes. No obstante, algunos aficionados como yo, optamos por alojarnos en hoteles, aunque para ello es preciso reservar con mucha antelación si no queremos alejarnos demasiado del área donde se sitúa la carpa descubierta. Gracias a la generosidad de mis dos acompañantes, Gloria Roset y Josep Julià, conseguí asistir al festival después de tres años ausente pues sufragaron mis gastos conscientes de que no tengo trabajo ni dinero. Ambos, al igual que yo, son acérrimos seguidores de la música country y han viajado juntos varias veces a EE.UU, concretamente para presenciar festivales y conciertos de Old-Time (la faceta más tradicional y arcaica del género) y Bluegrass en las montañas Apalaches, cuna de la evolución primigenia de esta música. Nuestro hotelito, limpio, cómodo y seguro, estaba en Le Puy-en-Velay, gozando de una hermosa panorámica de esta localidad cuyo mayor tesoro es su curiosa catedral, edificada sobre un empinado monte y reconocida por la Unesco como patrimonio mundial. De hecho, todo el entorno rural que arropa a este lugar es de una incuestionable belleza que todo viajero puede admirar en cuanto abandona la autopista y pone rumbo hacia Craponne. Sobra añadir que, para los paladares más sibaritas, el contexto dispone de una suculenta e irresistible propuesta gastronómica…


Como cada año, una vez accedemos al recinto del festival, es habitual caer en la tentación de recorrer sus variados tenderetes, mayoritariamente destinados a la parafernalia “country”, en especial Western: botas, sombreros, chaquetas, cinturones, hebillas, objetos decorativos, etc… Tampoco faltan los diversos puestos de comida, pero este 2011 he sentido una tremenda decepción…Tan sólo había una tienda donde vendían cd’s ¡y de segunda mano! Además de no haber novedades discográficas. ¿El motivo? Quizás se deba al aumento de las descargas de música por internet y el consecuente descenso de las ventas de cd’s.

Ya que mi amiga Gloria trabajaba el viernes 29, nos perdimos las actuaciones de esta jornada: la banda francesa Tennessee Stud y los norteamericanos The Sweetback Sisters, Whitey Morgan & The 78’s, Josh Abbott Band y Aaron Watson, una de las estrellas de la onda honky-tonkera contemporánea. Ella, tratando de evitar nuestra ausencia el primer día del festival, sugirió que nos adelantásemos el viernes y ya se desplazaría un día después con su propio vehículo pero no lo aceptamos porque lo importante era viajar los tres en el mismo coche. Merodeando entre los tenderetes me iba reencontrando con conocidos aficionados al country que solían cumplir fielmente a su cita anual del Rendez-Vous y según la opinión de algunos, lo mejor de esa jornada inaugural fueron los Whitey Morgan & The 78’s. Tengo su meritorio trabajo “Honky Tonks and Cheap Motels” y me gusta bastante. Pero no puedo juzgar su recital porque no lo vi, así que vamos a centrarnos en las actuaciones del sábado…


Sábado 29



Nada más penetrar por la puerta de acceso a la extensa carpa, el encargado de recoger mi entrada me dijo que me parecía a Dwight Yoakam. No en vano, siempre que me introduzco en el microcosmos “country” voy ataviado con el tipo de indumentaria que el renombrado artista lucía al inicio de su fulgurante carrera, destacando las toreras “Nudie” o “Manuel”, esas chaquetas cortas que antaño usaban ciertas estrellas del género. Mientras me ocupaba de mi rutinaria inspección de los variopintos tenderetes, apareció en el escenario el conjunto galo Truck Stop Rules con un repertorio de Country-Rock cantado en inglés que no suscitó demasiado mi interés. Poco después, me topé con Rhonda Vincent, tal vez la actual “Reina del Bluegrass”, entretenida mirando ropa en un tenderete. Tras saludarme, directa y receptiva, me lanzó una contundente pregunta: <¿has traído los libros? >… Considero que el lector merece conocer el origen de este pequeño “misterio” y propongo a hacer una pausa en esta crónica para retroceder hasta el pasado lunes 25 de julio…



Gloria recibió el aviso de unos amigos comunes, músicos catalanes de Bluegrass, para participar como mera espectadora (ella no canta ni toca ningún instrumento) en una jam-session privada con Rhonda Vincent que se realizaría en el centro cultural del barrio barcelonés de Sarrià denominado “Orlandai”. ¡Increíble! ¡Rhonda Vincent en Barcelona! ¿Cómo? ¿Porqué? Nos cuestionábamos yo, mi amiga y Josep Julià, igualmente invitado a semejante acontecimiento. Resulta que una chica, vinculada a un colectivo de músicos catalanes especializados en Bluegrass, conoció a la artista en EE.UU y le propuso que si visitaba Europa, se pasase por Barcelona. Efectivamente, Rhonda Vincent andaba de gira por nuestro continente y aprovechó la ocasión. Como era de esperar, habría una informal jam-session para deleite de los músicos locales relacionados con la simpática organizadora del encuentro. Debido a la naturaleza del evento, se nos pidió que no escampásemos la noticia pues todo debía efectuarse dentro de un ámbito reducido y familiar. Finalizada la cena en aquel acogedor local, nos juntamos unas veinticinco personas, mayoritariamente formadas por el séquito de Rhonda Vincent (familiares, incluyendo a un músico de dobro, y un par de fans que la acompañan en su gira) y músicos locales tañendo distintos instrumentos: banjo, mandolina y guitarra entre los que sobresalía la voz de Barnagrass ya fuese en solitario o secundando la maravillosa actuación de la estadounidense.

Sin duda, el peso del improvisado recital tuvo por protagonistas a la encantadora Rhonda (ya me permito tutearla…) con su mandolina y prodigiosa voz y Hunter Berry, talentoso fiddler dotando también de un excepcional don para la música. Los asistentes a la velada éramos plenamente conscientes de aquel privilegio e incluso algunos improvisados viandantes se paraban en el patio del Centro para saborear (y fotografiar) lo que allí acontecía. El repertorio bluegrassero incluía clásicos como “I’ll Go Steppin’To” o “Jesse James” y en un momento dado pedí a Rhonda que cantase el Gospel montañés “Where No Cabins Fall”, una de mis piezas favoritas, perteneciente al álbum “Back Home Again” de 2000. A continuación, tuve el impulso de realizar una rápida caricatura del violinista sobre el mantel de papel junto al deseo de que interpretase “Orange Blossom Special”, todo un reto estilístico para cualquier fiddler de country.

Gloria me sugirió que anotase mi solicitud en la misma hoja y se la entregase siempre que no entorpeciera su magnífica intervención. Josep se encargó de darle el retrato y enseguida reaccionó Hunter con una enorme sonrisa de satisfacción que contagió a los demás presentes cuando lo mostró. No tardó ni cinco segundos en acercarse a mí y felicitarme efusivamente abandonando momentáneamente su recital. Le mencioné a Rhonda que hacía algunos años respondió a una carta que le envié mandándome una misiva con información sobre ella y una fotografía dedicada. Se acordaba de ello. Más tarde, Hunter me preguntaría cuándo empezó a aflorar mi talento mientras yo pensaba: <¡ ahora mismo lo cambiaba por el tuyo!>…Durante esa repentina interrupción, le obsequié con un ejemplar de mi libro “Country Music Stars” (127 caricaturas a color de artistas country), recientemente publicado (y en venta por Amazon.com). Era previsible que acabara en manos de la “Reina” del Bluegrass y ésta, visiblemente impresionada, abandonó la mandolina, se levantó, me felicitó por el trabajo y empezó a conversar con Josep (diseñador e inspirador del libro y propietario de los derechos), el responsable del proyecto, para tratar de conocer el proceso de su comercialización. Estaba muy interesada en conseguir todos los ejemplares posibles para venderlos en su país… Pese a que las dificultades del idioma dejaron algunas dudas en el aire, mi amigo tuvo bien claro que debíamos llevarle a Craponne una considerable cantidad de libros aunque nuestro propósito es que alguna editorial ( previsiblemente americana) compre los derechos y se encargue exclusivamente de su reproducción, publicidad y distribución. Así quedó el asunto y desde luego, Hunter, tan simpático y amable como Rhonda, nos regaló una excelente interpretación del clásico “Orange Blossom Special”. Ahora, regresemos al festival…

Poco antes de la siguiente actuación, mis dos amigos y yo cargamos cajas de libros desde el coche hasta donde se hallaba la ya veterana del panorama bluegrassero. Se llevó unos sesenta ejemplares, casi todos los que trajimos, y más tarde entregó a Josep un sobre con el dinero correspondiente a la entrega. De haber dispuesto de más cajas, se las habría llevado. Una vez se hubieron retirado los Truck Stop Rules, ocupó el escenario Bobby Flores, notable cantante y multiinstrumentista pues toca distintas clases de guitarra (steel, acústica, clásica y eléctrica) , fiddle/violín, mandolina, Bajo Sexto (su evidente influencia chicana) y bajo de guitarra. Por si fuera poco, hace los arreglos musicales y se encarga de los teclados durante la pre-producción. Ser polifacético es una de las características de Géminis, su signo solar… Ha colaborado con estrellas del Country como Johnny Bush y Ray Price, de ahí su marcada tendencia a los “shuffles”, ese típico ritmo medio-tiempo del estilo Honky-Tonk, igualmente latente dentro del Western-Swing. No sin razón, el periodista y crítico musical Duncan Warwick compara su voz con la de Tommy Duncan, vocalista de Bob Wills. El estilo de Flores se asienta en el Honky-Tonk tejano clásico que dominaba la escena country entre finales de los 1950’ y principios de los 60’. Como apunté anteriormente, la impronta de Ray Price se antoja evidente, ya que formó parte de sus Cherokee Cowboys entre 1997 y 2001 como primer fiddler/violinista. La banda consistía en tres fiddlers (incluido él mismo), pedal-steel, batería y contrabajo. Todos vestidos de negro. Flores iba enfundado en una camisa vaquera de color azul grisáceo bordada con dibujos negros. Su aspecto recordaba el arquetipo de carismático galán mexicano, con bigote, perilla. Con unos kilitos menos, podría emular a “El Zorro” o a cualquier Don Juan de los Estados fronterizos con México…y así coincidir con un arquetipo propio de su signo zodiacal.


La banda, The Yellow Rose Band, arrancó la actuación ofreciendo una frenética versión Western-Swing de “Devil’s Dream”, antigua melodía del folklore británico muy corriente en el Old-Time desde los inicios del Country. Las primeras grabaciones de esta pieza instrumental bailable, que comenzaron en 1906, corrieron a cargo de grupos ajenos al género que incluían orquesta y piano. No fue hasta 1928, con la versión para Square Dance de los Kessinger Brothers que empezó a destacar entre las composiciones registradas por intérpretes country, aunque ya existen referencias documentadas de “Devil’s Dream” que se remontan a 1851 y por supuesto, figuraba con anterioridad en el repertorio de muchos fiddlers. La fama de “diabólicos” de los violinistas, difundida por las mentes cerradas y supersticiosas de aquellos tiempos, tanto en EE.UU. como en Europa (el caso del genovés Niccolo Paganini es una ferviente prueba de ello) está muy bien representada por “Devil’s Dream”. En cierto modo, resultó muy “adecuada” para aquel entorno si la asociamos a la leyenda de esa comarca sobre una terrible criatura “demoníaca”, una bestia asesina… pero me referiré a ello cuando concluya el reportaje del festival.

Después de esta “diabólica” introducción, llegó el turno de un “shuffle” en el más puro estilo tejano. Luego, “Miles and Miles of Texas”, aumentando el ritmo y como homenaje a Asleep At The Wheel, la formación Western-Swing más celebérrima después de Bob Wills & his Texas Playboys. Seguidamente, dos piezas mid-tempo honkytonkeras del último cd de Bobby Flores. La segunda, compuesta por él y titulada “Cajun Baby” respondía a la fórmula de vals Cajun. El artista cantaba y tañía su fiddle junto con los otros dos violinistas…¡En perfecta sintonización, los tres en línea!. A Flores sólo le faltaba practicar unas llaves de tae kwon do, ya que es instructor de este arte marcial e incluso tiene su propia academia. En ocasiones se ha roto el dedo de un pie, dislocado los hombros y quebrado dedos de las manos y costillas viéndose obligado a cancelar algunos conciertos…Peligrosa afición para alguien que empezó tocando el fiddle country y a los 18 años estudió violín clásico….De hecho, como él mismo afirma, le encanta mezclar ambas maneras de tocar el instrumento en la línea de su admirado Tommy Jackson… ¡Ah, la dualidad de los Géminis!...Pero, sorprendentemente, el instrumento preferido de Flores es la steel; otro rasgo de la desconcertante personalidad geminiana. También le gusta el Jazz y la música Clásica. Las canciones sexta y séptima, ambas popularizadas por Bob Wills, fueron “Faded Love” y “Time Changes Everything”, incuestionables clásicos del Western-Swing e interpretados maravillosamente. Oír en directo el sonido de tres fiddlers absolutamente compenetrados es como alcanzar el Nirvana para todo devoto de la música country. Siguió un medley de dos temas: “Court In The Window” ( o “courtin’” según deduje) y “One More Time”, que abre su cd “Just For The Record” de 2003. Agradeció la merecidísima ovación del público con unas palabras en francés: < Mercy beaucoup! >.

Proseguía su demostración de genialidad y amor hacia la música country tejana. La pieza número nueve dejó protagonismo a la voz del otro fiddler del grupo en tanto Bobby y la violinista, RJ Smith le secundaban. Se trataba de una canción Cajun que parecía titularse “Jean Pierre Beaudeaux” en cuya letra no faltaban tópicos del género: pirogue (piragua), Gumbo (una especie de sopa especiada), bayou (los típicos pantanos de Louisiana), Louisiana, etc… Qué bien suena el Cajun-Country con una pedal-steel y unos violines refinados acordes con la tradición tejana del Western-Swing… A continuación, Bobby Flores agarró la guitarra eléctrica y cantó “White Lightnin’”, el éxito de George Jones de la cual Joe Diffie hizo una versión para el mediocre film de 1993 “The Beverly Hillbillies”(basado en una serie televisiva) y que algún lector recordará porque se estrenó en España con el estúpido nombre de “Rústicos en Dinerolandia”.

No obstante, es un tema bastante versionado aunque raras veces destila tanta autenticidad como en boca de “The Possum”. Pero Flores parece ser que todo lo hace bien y esta vez no hubo excepción con este clásico del Honky-Tonk. Luego le tocó el turno a “Look What Dogs Would Do?”, popularizada por Lefty Frizzell, otro clásico del estilo, anterior a Jones. La número doce, “Beaumont Rag” sirvió para que RJ Smith se exhibiera en solitario respaldada por soberbios solos del pedal-steel y la guitarra eléctrica de Bob. El “rag”, presente como parte del Western-Swing pero anteriormente habitual entre las string bands del Old-Time, es uno de los ritmos que más me apasionan y la enérgica interpretación de esta violinista me puso los pelos de gallina…El número trece no puede ser maldito cuando Flores retoma su práctica del fiddle y canta otro Shuffle colocándose nuevamente en línea con los otros “mosqueteros” esgrimiendo el arco en un duelo memorable. La pieza decía: < my heart tell me stay but my pride tell me go>…

Efectivamente, nuestros corazones estaban prendados de La Yellow Rose Band y no querían irse de allí. La siguiente canción, “Take Me Back To Tulsa”, otro icono del Western-Swing, que dedicó a “su gente de Oklahoma” pese a que él nació en San Antonio (Texas), hizo vibrar a la concurrencia y algunos espectadores no pudieron reprimirse de mover los pies como si estuvieran en un Dance Hall de Texas u Oklahoma durante las décadas de los 1930’o 40’. Después, otro Shuffle para ralentizar la acelerada propuesta anterior. Más todavía con la siguiente, la célebre balada honkytonkera “Lonely Street” tras citar como referencias a Ray Price y Johnny Bush. Luego, “Corine, Corina”, un Clásico del Rhitmin’& Blues que igualmente han versionado leyendas del Rock’N’Roll y del Western-Swing como los Texas Playboys o Asleep At The Wheel. En el álbum “Tribute to the music of Bob Wills”, estos últimos se acompañan del dúo Brooks & Dunn. Originalmente era un Blues que grabó Blind Lemon Jefferson en 1929, de esos que han enamorado tanto a blancos como a negros.

Al terminar esta canción, el presentador del festival, tocado por un sombrero de cowboy como gran parte de los asistentes (entre los cuales me incluyo), reapareció sobre el escenario para que el público aclamase a la banda. Dadas las circunstancias, no hacía falta, porque la concurrencia aplaudía fervientemente esperando que aquello no supusiera una despedida. Volvimos pues a exhalar el aroma de la “Rosa Amarilla” gracias a un Shuffle o más bien un simple mid-tempo honky-tonk, que empalmó con la clásica “Heartaches by the Number” ya que ambas obedecían al mismo compás. Retirándose ya la banda, salió otra vez el presentador porque los asistentes reclaman a gritos “One more!” y , claro, era inevitable la número diecinueve. Pero antes, Flores introdujo a su grupo: el tejano Randy a la steel, Kevin Carter (fiddle), RJ , Justin (de Austin) y Dennis, el batería. Bobby Flores & The Yellow Rose Band remataron su espléndida actuación con el clásico Cajun “Big Mamou”, inyectándole el ritmo acelerado que caracteriza a esta pieza. La comunión entre los tres fiddles y la steel rubricó con el calificativo de sobresaliente aquel espectáculo. Flores comentó en una entrevista para la revista “CM People”, que con sólo doce años había sido telonero de Tanya Tucker. Más adelante le tocará el turno a esta veterana leyenda del Country, pero ya adelanto que no superó a la exhibición de Bobby Flores…

Los estadounidenses Flynnville Train nos bajaron de la nube porque, pese a la pinta de rednecks, su Country-Rock no era apto para oídos acostumbrados al clasicismo o tradicionalismo de la música country. Terminé por distanciarme del área limítrofe al escenario y escucharlos de lejos hasta que fui distrayéndome husmeando por los tenderetes. Tocaron “Green River” de los Creedence Clearwater Revival con fuerza y solidez, como el resto de su eléctrico repertorio. Este cuarteto de rubios melenudos con un look en la onda de los Kentucky Headhunters, estaba liderado por su vocalista, Brian Flynn: un “redneck” rockero de largos cabellos dorados, con barba, gafas de sol, camisa negra, tejanos y sombrero vaquero de paja. Nada de fiddle o steel-guitar, sencillamente dos guitarras eléctricas, un bajo y una batería. El cantante aludía de vez en cuando a su presunta afición al country, la cual no tengo por qué poner en entredicho pese al sonido que destilaba su música, como cuando anunció que “Redneck Side of Me” estaba dedicada a los fans del Bluegrass. Sin embargo, el tema rugía como un estridente Country-Rock asentado en una tenue base Honky-Tonk. En otro intento de exponer públicamente sus supuestas tendencias bluegrasseras, dispararon con un contundente instrumental denominado “Blackgrass”, aproximándose al terreno de los Hayseed Dixie, de quienes seguramente también han adoptado parte de su imagen. En este veloz “breakdown” eléctrico brillaría la destreza con las guitarras. Aunque el vocalista refirió que el tema tenía un ritmo o aire de Bluegrass, los más puristas del estilo debieron lamentar que su “hierba azul” se hubiera oscurecido adoptando un tono tan “negro”, como las minas de carbón de Kentucky…”Blackgrass”, el título apropiado.

“Trucks Stops In The Sky”, otra canción Country-rockera activada por el mismo alto voltaje, al menos me resultó pegadiza. El sonriente y activo Brian Flynn, tras ir ametrallando a la audiencia con más munición propia de un concierto de Rock y no de Country, se tomó un respiro comunicando que es amigo de Marty Stuart. A continuación, cantó una balada country con la consecuente instrumentación rockera, llamada “33 steps”. Aunque mi inquisitiva mente vinculó ese número a algún mensaje oculto (el 33, por ejemplo, es el máximo grado masónico), al parecer la canción narra las dificultades de alcanzar el éxito en la industria musical y llegar al Opry, incluyendo una breve mención al emblemático “Tootsie’s”, el local de Nashville donde han actuado muchas futuras estrellas antes de lograr sus objetivos. La siguiente canción deparó una desconcertante sorpresa, pues el cantante se ajustó al cuerpo una “washboard”(tabla de lavar) disponiéndose a tocarla en un instrumental rockero sin cesar su constante movimiento de una esquina a otra del escenario. Situado al borde del mismo, animaba al público con palmadas. La ruidosa pieza terminó al entonar un “cántico” que se limitaba a un sonoro “Uhhhh…”. En ese mismo momento imaginé que estaba poseído por la “bestia diabólica” de la que hablaré cuando lleguemos a la última jornada del viaje…Hasta la conclusión del recital, tan sólo reconocí una balada de los Kentucky Headhunters y el éxito que hizo famosa a esta formación: “Dumas Walker”. En definitiva, un espectáculo recomendable para los aficionados del Country-Rock más cercano al Rock Sureño en su vertiente contemporánea; algo difícilmente digerible para mi gusto personal… y mis oídos, que no andan del todo finos.



Decidí dar unas vueltas antes de colocarme en primera fila para saborear la actuación de Rhonda Vincent. Sería la tercera vez que vería un concierto suyo sin contar la jam-session en Barcelona. Descubrí que una de las numerosas paradas estaba regentada por la pareja de Jordi y Kathy, organizadores y promotores catalanes del Line Dance pero también aficionados al Country. Años atrás colaboré en una revista que hacían aportando información sobre la historia del género y sus diversos estilos si bien esta faceta la desarrollaría más profundamente en la publicación “Jambalaya”. Tanto una como otra ya han desaparecido y por lo que deduje, ha menguado el interés general por los ensayos y las revistas sobre Country Music. Al menos dentro del entorno en el cual nos hallábamos, pues sólo habían dos tenderetes donde se vendiesen libros o revistas. Uno, el de los cds y otro, más reducido y oculto, consistía en una mesita donde se anunciaba la obra “L’Esprit des Danses Country & Western”, sobre la historia de los bailes country desde sus orígenes más remotos. Allí estaba, más sola que Robinson Crusoe, su autora: Anne Guegan. La descubrí gracias a Kathy y no pude reprimirme de comprar el libro y regalarle un ejemplar de “Country Music Stars”.

Nos los dedicamos mutuamente y me esforcé en mi intento de conversar con ella respecto a esa interesante materia. Mi torpe combinación de francés e inglés no se tradujo en grandes resultados, pero expuse mi criterio sobre la influencia de las danzas francesas a lo largo de los tiempos de la Revolución e independencia de EE.UU. y estuvo de acuerdo, recalcando que el Square Dance proviene principalmente de la contradanza francesa. Le informé sobre mi proyecto, parado desde hace tiempo aunque con los primeros capítulos escritos: un libro que documenta las raíces primigenias del Country. Emocionado por coincidir con alguien interesado por la historia del género, me dejé llevar por la pasión e incluso me puse a bailar unos segundos imitando a los “juglares” decimonónicos que deambulaban por las tierras nativas del género. Ya me debía haber tomado por un loco cuando redondeé mi excentricidad revelándole el presentimiento de que tal vez en alguna de mis supuestas dos vidas pasadas encarné a uno de esos cómicos-músicos-bailarines itinerantes…De hecho, una parte de mi más reciente manuscrito versa sobre esta conjetura. Me faltó tiempo para comentarle, entre otras muchas cosas, mis hipótesis respecto a los orígenes asiáticos del banjo africano como apunto en un libro donde narro mi viaje a la India, pero no quise robarle más minutos y ya iba siendo hora de colocarme en primera fila del escenario. Tal es mi pasión por el género que afloran mis sentimientos cometiendo actos tan vehementes. Pero esto no es más que el resultado del poder de la música, sea del género u estilo que sea, cuando uno la siente desde lo más profundo de su alma. Y “alma” es lo que posee el sonido de artistas como Rhonda Vincent…Sea como fuere, ese contacto daría sus frutos, porque transcurrida una semana y media, recibí un email de Kathy comunicándome que Anne Guegan habló con su editora y ésta estaba interesada en traducir el libro al francés y editarlo. Quizás sea el resultado de mi karma…

El cuarteto de Rhonda Vincent se estrenó lleno de vitalidad. Tras un comienzo bluegrassero con ella tocando la mandolina, vino una balada “Pop” acústica. Se dirigió al público frecuentemente empezando por sintetizar su biografía: < Nací en Missouri, en el corazón de América… >. Habló sobre la dedicación a la música junto a su familia, viajando. Aprovechó también para promocionar la comida casera de la marca “Martha White”. Tras comentar que toca varios instrumentos, dejó de lado la guitarra para coger el fiddle e interpretó “All American Bluegrass Girl”, una pieza animada, sustituyéndolo por la mandolina sin perder el ritmo. La canción habla de su carrera y de su familia, evocando a clásicos del Bluegrass: Bill Monroe de Kentucky, Jimmy Martin de Tennessee, Lester Flatt…< I’m an old american Bluegrass girl, I’m pride as I can be >. Seguidamente utilizó la mandolina para la rápida “Kentucky Borderline”, del cd “One Step Ahead”(2003) floreciendo como de costumbre el formidable talento de los miembros de su banda: banjista, contrabajo, guitarrista y fiddler (Hunter Berry, por supuesto).

Rhonda iba ataviada con un vestido negro sexy, escotado, marcando sus prominentes senos. El resto del grupo, con camisas rojas y pantalones negros. Llegó una de mis canciones predilectas: “Is The Grass Any Bluer” introduciéndola de esta forma: < Es un homenaje a Bill Monroe, el Padre del Bluegrass >. Después, cogió la guitarra e intuí que habría unos instantes de relajación con una balada. < Este tema se llama “The Water Is Wide” y está basado en una vieja melodía irlandesa. La canté con Keith Urban, él con su guitarra y yo con mi mandolina…> anunció. Se trataba de la pausada balada con un innegable tono “Folk” del álbum “Good Thing Going”(2008). El guitarrista de la banda le apoyaba en los coros y tocando la mandolina. Finalizado este emotivo lamento folkie, Rhonda, haciendo gala de su encanto natural, presentó a sus músicos e inmediatamente Hunter nos dejó boquiabiertos con una rauda galopada de fiddle respaldada por sus compañeros, donde no faltaba Rhonda a la mandolina. Fiddle, banjo, mandolina, contrabajo y guitarra unidos por su talentosa complicidad consagrada al más auténtico Bluegrass. La gente estalló de emoción siguiendo el frenético ritmo con las manos. Llovieron un sinfín de espontáneos aplausos. La Reina cedió su mandolina a Hunter decidiendo que era el momento adecuado para cantar un Gospel: “I Heard my Saviour Calling Me” del disco “Destination Life”(2000). Depositó todos sus sentimientos en esta pieza religiosa, gesticulando apasionadamente, sumida en un estado de intenso arrebato espiritual. Esto no le impidió abrigarse con una chaqueta debido al frio que ya se adueñaba de la noche. El himno concluyó entonando las últimas estrofas con un elevado nivel de voz. Impecable, digno de los privilegiados nacidos con el don del canto. Hunter perturbó graciosamente aquella atmósfera reflexiva parodiando aquel portento de voz con un tono más agudo; un reflejo más de la armonía entre los miembros del grupo.

Para el próximo tema, Rhonda recuperaba la mandolina y antes de interpretar otra melodía, proclamó que ella y su banda promocionan los productos de “Martha White”, mostrando una camiseta con el logotipo. Con su habitual simpatía, alentó al público a vociferar las palabras “Ahá” para la siguiente canción y bromeó con Hunter hasta que le dio por arrojar camisetas “Martha White” sobre los asistentes. Era el preludio de “The Martha White Song”, del cd “One Step Ahead”, una escueta y alegre cancioncilla que conserva aquella frescura de la época dorada del Grand Ole Opry. Uno podía proyectar en su mente la escenografía de un granero con campesinos danzando alborozados y un fondo montañoso…Luego todo tomó un cariz decididamente melancólico con “I’m Not Over You”, compuesta por Carl Jackson y Melba Montgomery, perteneciente a “Written In The Stars”(1993), uno de esos primeros trabajos con los que comenzaba a abrirse camino a través del panorama “mainstream” del Country. Seguidamente cedió el protagonismo a Mike, el contrabajista, oriundo de Nashville y uno de los músicos que tocan en el Opry. Mientras tañía su instrumento, cantó el clásico Gospel bluegrassero “My Long Journey Home”, popularizada por The Monroe Brothers y todo un incondicional del estilo creado por Bill Monroe. Nada mejor que un tema tan rápido para mover el esqueleto y soportar el gélido clima. Posteriormente, Rhonda versionó “Crazy Love” del grupo Country-Rock Poco y grabado para el álbum “Destination Life”. Si ya los Poco revistieron al tema de aires Bluegrass, la interpretación acústica de Rhonda Vincent le otorgó el tanto por ciento de pureza del estilo que necesitaba para que incluso el mismísimo Bill Monroe lo catalogase de clásico desde la dimensión donde se encontrase...Y de haberse reencarnado en nuestro plano terrenal, seguro que ya debe tener el cd. Tras presentar a Aaron, el banjista, tocayo de su tierra natal, éste calentó a la audiencia con “Foggy Mountain Breakdown” de Flatt & Scruggs, secundado con la misma velocidad por los otros componentes de la banda. Recreé mentalmente las persecuciones del film “Bonnie & Clyde” a cuya banda sonora pertenece ese clásico instrumental…Cada instrumento tenía su momento de brillantez a fin de cerrar el círculo con el solo de banjo. El público, obviamente, entregado.


Se apreciaba, por las sonrisas de los músicos, como disfrutaban de su inconmensurable arte. Rhonda sujetó el fiddle e hizo publicidad de su dvd destacando que en la filmación, Hunter toca varios instrumentos. Pocos minutos después, la artista anunció que su próximo tema, “In The Last Best Place”, era de Skeeter Davis. Hunter demostró una vez más su versátil habilidad con el fiddle engalanando esta sosegada balada con unos magistrales tañidos de notas suaves, como si las éstas se deslizasen ondulantes sobre un mar de seda desde el que afloran nuestros sentimientos más velados. La poesía no cesó aquí y Rhonda dedicó unas palabras a una gran amiga:

< Ahora una canción para una chica especial que me inspiró. Es una gran artista country. Cuando yo estaba enferma, me visitó en el hospital…Estoy refiriéndome a Dolly Parton…>. Como no podía ser de otro modo, interpretó su sublime versión de “Jolene”, registrada en el cd “Back Home Again”(2000). En estilo Bluegrass y más dinámica. Los inminentes aplausos se debieron oír hasta en Suiza…< You’re so kind! > declaraba Rhonda a la audiencia. A ello le siguió la enternecedora “Your Cheatin’ Heart”, el clásico de Hank Williams registrado en 1952. Desvelaron ciertos musicólogos que ese mismo año, Johnny Bragg, que cumplía condena en la cárcel de Nashville, aseguró haberle vendido la idea de “Your Cheating Heart” al malogrado cantante por cinco dólares…En cualquier caso, aunque él comprara las ideas de algunas composiciones (que no solían pasar de un título o de un par de versos), como apunta Eduardo Jordà en su biografía, no sólo estaba en su derecho sino que todas sus canciones llevan su singular sello personal.

En cualquier caso, el universo de la música country está plagado de versiones de este tema y la de Rhonda Vincent merece ser etiquetada como “insuperable” dentro del Bluegrass, una de las mejores de este estilo montañés. Hunter se permitió la licencia de puntear con los dedos las cuerdas de su fiddle durante tres segundos. Rhonda pronunció su adiós. < Good night everybody! God bless you! > y sin apenas un suspiro más, la banda se desbocó con un trepidante “Orange Blossom Special” lo cual me hizo retroceder a la jam-session en Barcelona. El “tren” partió, cómo no, con el fiddle de Hunter, quien exhibió sus cualidades recorriendo las vías mientras acarreaba parte del estilo de Mark O’Connor. La concurrencia acompañaba el trote con las palmas. Tal era la celeridad con que se movía el arco, que yo iba bailando y anotando las impresiones sin mirar la libreta, absorto en ese vendaval de notas. Volvía a imitar, aunque inconscientemente, a aquellos juglares decimonónicos… No fue una versión excesivamente larga pero mereció la sonora ovación recibida. Segundos más tarde, los magos del Bluegrass se habían retirado.

No hacía falta ser Nostradamus para predecir que la gente reclamaría un bis y sin parar de aplaudir, además de vociferar un “ohohohoho”. Retornó la magia. > God bless you ¡> repitió el hada de la mandolina y muchos saltaron como gnomos del bosque aguardando a la siguiente melodía. Pero antes, volvió a promocionarse y en esta ocasión notificando que estaba en facebook e invitando a todos para que frecuentaran su espacio en internet. Una rápida “Rocky Top” puso fin al memorable concierto de Rhonda Vincent dando las gracias con un sentido “ God bless you! Good bye! “…Estaba a punto de salir a escena un huracán de ritmo, expresiones y movimientos procedente de Louisiana…

Lisa Haley & The Zydecats aterrizaron no como el cometa que da nombre a la peculiar vocalista y fiddler sino como aquel tremendo huracán de las tierras pantanosas. Y tan impredecible como su propia personalidad…El grupo había sido nominado a los premios Grammy por su último álbum, “King Cake”, de Cajun y Zydeco (la faceta más afroamericana y ecléctica del Cajun). Tal como su apellido indica, Lisa Haley es descendiente del mítico Bill Haley, uno de los pioneros del Rock’N’Roll si bien también ejerció como artista country. Siempre me ha fascinado la música Cajun, sobretodo en directo, y ver a la gente bailando esos valses y two-steps con sabor francés. Tuve la suerte de haberlo vivido cuando en 1991 recalé en Louisiana, después de visitar Nashville y poco antes de adentrarme en los honky-tonks tejanos.

Esperaba pues revivir esas gratas sensaciones en el escenario de Craponne. Por la composición de la banda, la cosa no se inclinaba hacia los parámetros más tradicionalistas del género. El quinteto estaba formado por una guitarra eléctrica, bajo, batería (una mujer), un enorme acordeón blanco y negro similar a un piano reducido que portaba una chica morena con coleta, y la líder del grupo, con su curioso fiddle azul. Si en una dimensión paralela Rhonda Vincent podría adquirir el rol de un hada de las montañas, a Lisa Haley le correspondería el de una hechicera de los pantanos…Una suerte de Marie Laveau (Shel Silverstein y Baxter Taylor le dedicaron una canción, popularizada por Bobby Bare), la “Reina del vudú” de Nueva Orleans, en su vertiente más festiva, si es que la tenía…Su pintoresco aspecto vaticinaba que nos los íbamos a pasar bien: pelirroja con una flor roja en el pelo; chaquetita roja brillante sobre un vestido floreado y las piernas cubiertas con mallas rojas. Siglos atrás, los lugareños de esta región francesa la hubiesen contratado para destruir a “La Bestia” diabólica… Aunque tal vez habrían conseguido que los pueblos de la comarca se olvidasen de dar caza al monstruo y dedicasen el tiempo a danzar como posesos. Puede que hasta la extraña criatura dejase de cometer sus atroces crímenes afectada por el hechizo de la extravagante violinista. Y a mí me atraen las personas originales, con personalidad. Más aún en este caso, cuando creía que el personaje iba a garantizarme una sabrosa dosis de Cajun… No fue del todo como esperaba…

Lisa Haley saltó al escenario con el típico grito Cajun: < eyyyyyy….> ensamblado con un tema Zydeco-rock demasiado progresivo para mi gusto. La pieza estaba sujeta a los elementos más simbólicos del microcosmos Cajun citando las palabras “mágicas” más usuales dentro de este tipo de pócimas: Bayou, Louisiana, Mardi Gras (el carnaval), Lafayette o Baton Rouge, dos localidades de Louisiana, etc… Haley no cesaba de sonreír y gesticular de manera teatral mientras se desplazaba de un rincón a otro con una extraordinaria vitalidad que no se interrumpiría en todo el concierto. Continuó con otra canción Zydeco capaz de resucitar a los muertos sin necesidad de pócimas ni conjuros de vudú. En esta ocasión se asemejaba a una suerte de elfo o traviesa duendecilla brincando, cantando y tañendo su fiddle, azul como el chakra de la garganta, el de las cuerdas vocales, la expresión creativa y la comunicación. Para introducir el siguiente tema, soltó otra frase “made in Cajun”: < Allons danser!> que, indudablemente, entendieron todos los presentes. Tampoco faltó otro “eyyyyyy…”. Por un instante pensé: < Es como una Nina Hagen “Cajun” >…Dada su empatía con el público, le invitó a tararear la letra de esta nueva melodía Zydeco-rockera mientras nos asombraba con sus repentinos cambios de voz, oscilando entre un tono femenino más o menos sutil y una inquietante voz cavernosa…Cuando adquiría este último matiz, ¡parecía la niña de El Exorcista! O una versión del Dr.Jekill y Mr.Hyde teñida de los exóticos componentes de la Louisiana más enigmática. O quizás se le despertaba el quinto chakra…Pero, ¿y si se estaba transformando en “La Bestia”? ¿ en un “loup-garou”? Dada la impresión que nos causó con su facilidad para modificar el registro de sus cuerdas vocales obteniendo un resultado tan “siniestro”, en la época de “La Bestia”, el público habría huido despavorido para refugiarse en el bosque cercano convencidos de que esa mujer era un “loup-garou”, un hombre-Lobo venido de aquellas tierras pantanosas que Napoleón vendió al gobierno estadounidense…

Pese a esta particularidad, que consideré sugestiva, más la simpatía, profesionalidad y enérgica entrega, Haley todavía no complacía mis expectativas interpretando Cajun o Zydeco de la “vieja escuela”. Introdujo la próxima canción aullando: < Quelle jolie est Capronne sur le noir…> y fantaseó con ubicar Capronne en el bayou: < Nous sommes à la bayou >…El tema, “King Cake”, sobre New Orleans, era definitivamente Rock, rebajando bastante los ingredientes Cajun y Zydeco; particularmente, con los potentes solos de guitarra eléctrica. Entrelazó la pieza con un ritmo de batería precedente a la presentación del grupo por parte de la desconcertante líder.

Luego prosiguió la marcha condimentando ese “Gumbo” musical de Zydeco, Rock y semillitas Cajun con unos granos de Pop. Sin tregua alguna para digerirlo, llegó un vals cantado que llevaba por título “Little Dreamer”. Nuevamente sin pausa, terminó de valsear recuperando la premura rítmica de “Mardi Gras Party”, el tema anterior. Después, compartió risas con la audiencia y preguntó si había alguien de Louisiana, si alguno de los espectadores había estado allí logrando que se alzasen algunas manos como signo de afirmación. Y posteriormente consultó: < ¿Quién se va a Louisiana de vacaciones?... La gente de Louisiana necesita que vayáis, debido a lo del huracán…>. Se puso melancólica de inmediato e interpretó, “Louisiana” una balada a ritmo de vals que, según deduje, hacía referencia a la catástrofe. Sazonó su interpretación con un fuerte sentimiento que no podía ser fingido, sin obviar sus cambios de voz, desde el tono cavernoso a uno más alto, demostrando no sólo su versatilidad sino también que está dotada para el canto. Durante unos segundos advertí que estaba llorando pero súbitamente varió de registró y dejó de lado la tristeza recobrando el ánimo (y sus piruetas) con otro Zydeco rockero muy pegadizo. La acordeonista se balanceaba al estilo de Queen Ida, “la Reina del Zydeco”, con una amplia sonrisa en su boca, sujetando sin problemas aquel piano para elfos y gnomos; un ejercicio nada fácil dadas las dimensiones del instrumento.

La banda empalmó con otro Zydeco en el que Hale modificó la letra sustituyendo una frase original por la siguiente: < Capronne sur le bayou > en tanto seguía gesticulando como si compitiese con Jim Carrey en el duelo para el casting de un hilarante film rodado en Louisiana. Algunos espectadores, embrujados por el poder de la hechicera, notaban que sus piernas se agitaban con desenfreno pero la mayoría, como si portaran “gris gris” y estuvieran protegidos de semejante influjo, permanecían inmóviles. Cabe matizar, que seguramente debido al frío…No obstante, la arrolladora Haley consiguió extraer del público un fuerte “Oh, yeeehh…” y prosiguió “poseyendo” las almas de muchos con uno de esos temas Zydecos que están especiados con cierta sustancia “gypsye”…La influencia musical de los países del Este de Europa en el folklore norteamericano. Se perciben igualmente rasgos de ello en algunos movimientos rítmicos de la música country, más específicamente en los estilos Western-Swing y el Western de los Singin’ Cowboys. Si dejamos volar un poco la imaginación, podremos asociar la imagen de Lisa Haley con la tradición vampírica de esas zonas europeas…solo que su mordedura contagia las ganas de bailar.

Bromas aparte, a la carismática fiddler y vocalista no le crecían colmillos, ni de vampiro ni de “loup-garou” sino unas grandes ganas de complacer a la concurrencia combatiendo las bajas temperaturas con esa pieza de aire “zíngaro” que me recordaba un poco al “Zydeco Gris Gris” de Beausoleil compuesta por el prolífico compositor Cajun Michael Doucet. < Manger Gumbo, danser le Zydeco!> proclamaban sus versos. A continuación, Haley presentó a los músicos, quienes se marcaron unos solos. Luego se agachó junto a la acordeonista para hacer una reverencia al bajista y dar el cañonazo de salida de un Zydeco-Rock aliñado con toques funky para el cual seguía expresándose en “patois”, la lengua de los cajuns, esa receta autóctona del francés antiguo que se hablaba en el este de Canadá combinado con el inglés-americano. Yo hubiese preferido que Lisa Haley & The Zydecats estuvieran en la onda Country-Cajun de artistas como Bruce Daigrepont, Sheryl Cormier & Cajun Sounds, Magnolia Sisters o incluso Beausoleil.

No es que estas bandas se dedicasen exclusivamente a la faceta Cajun del Country, pero al menos hay numerosas muestras de ello en sus respectivos repertorios. Tampoco me hubiese desagradado ver a una formación en la línea Zydeco de Rockin’Sidney o Queen Ida, no ajenos a aderezar su música con algunos ingredientes country, e incluso practicando el estilo del pionero Clifton Chenier. Sin embargo, Haley & The Zydecats se circunscribían a la etiqueta de Zydeco-Rock sin el menor indicio de Country-Cajun. En consecuencia, la fórmula sólo encajaba con calzador en este festival. A pesar de esta “decepción” desde mi punto de vista y me atrevo a decir, que de los seguidores de la música country, no hay que menospreciar el mérito de la banda, huérfana sin el temperamento especial de su líder, que seguía animando a la gente a acompañar el ritmo. Un objetivo con una débil respuesta ya que casi todos se limitaban a contemplar el espectáculo y aplaudir. “Paper in my Shoe”, una clara referencia al estilo de Rockin’ Sidney, colaboró en la causa cuando Haley y la acordeonista volvieron a entablar un duelo cómico bailando y gesticulando enérgicamente. ¿De dónde extraían todo ese vigor? ¿De alguna pócima preparada mágicamente en una recóndita cabaña colindante a los pantanos?...

voceaba Haley como preludio de un mid-tempo especiado con Zydeco, Rock, Pop y Funky…Aunque no estoy familiarizado con el material del grupo, esta canción me sonaba. Efectivamente, ¡era una versión de “You Are My Sunshine”, el inmortal éxito de Jimmie Davis, quien fue gobernador de Louisiana. Me puse una medalla invisible, emulando a mi amigo el Màgic Andreu, aunque su magia no fuese conocida en Louisiana, porque era complicado reconocer esa canción. Estaba demasiado camuflada en la olla del Gumbo que cocinaban los Zydecats. Los aficionados al Cajun y Zydeco más tradicionalistas debían renegar de aquellos duros solos de guitarra eléctrica, pero suponen uno de los distintivos de la banda. Un grupo de jóvenes quedaron prendados del hechizo de Lisa Haley y respondían a su continuo llamamiento para que el público tararease los estribillos. Siempre he opinado que el Cajun y sobretodo el Zydeco, son músicas tan bailables, que de estar presentes en los locales y conciertos de nuestro país, podrían resultar un descubrimiento muy adictivo tanto para jóvenes como para adultos. De hecho, el primer festival country realizado en Barcelona tuvo el privilegio de contar con Jimmy C. Newman, toda una leyenda del Cajun y del Country-Cajun. Desafortunadamente, aquel evento tuvo un dramático desenlace por culpa de cuatro alborotadores que se infiltraron entre los entusiastas del arte musical para generar violencia y desatar sus instintos más básicos. El presentador del festival, Joan Tortosa (pionero del Country en la radio catalana y especialista en el género ya retirado, que atesora un envidiable currículum en este campo) y los que asistimos a aquel acontecimiento sin precedentes, todavía guardamos en la memoria lo que ocurrió.

Pero volvamos al sábado 30 de julio de 2011…¡Al fin un clásico Cajun! Los Zydecats me obsequiaron con “Hippy Ti Yo”, popularizada por Doug Kershaw hace ya bastantes décadas aunque es muy corriente en el catálogo de los artistas del bayou. Haley y la acordeonista continuaban con su particular show volteando para luego reencontrarse con cómplices miradas a modo de duelo si bien el compás se focalizó en la batería y el contrabajo. La audiencia repitió el “ohohohoho” que proponía la brujita, elfo o hada de los pantanos. El cachondeo continuó con “tiriririri” y “yaiaiai”…¿”Fórmulas mágicas” propias de los hechizos vudú de Nueva Orleans?...Pues obtuvieron el efecto deseado, porque una cuadrilla de jóvenes bailaban enloquecidos y el resto mantenía el ritmo aunque danzando de manera menos llamativa. Llegó el momento de retirarse y Haley profirió: < Thank You folks!, a tout à l’heure…> y mostrando su gratitud, interpretó una versión de “When The Saints Go Marching In”, clásico del Gospel y del Jazz que igualmente ha sido versionado dentro del género country (la primera grabación, a cargo de Sam Jones en 1924). Un desenlace adecuado para esta banda Zydeco que no conectaba con mis gustos ni se ajustaba al criterio musical que debe imponerse dentro de un festival de estas características. No estoy desprestigiando a este grupo, ni muchos menos, admito su talento y oficio. Simplemente sostengo que los organizadores deberían haber seleccionado a un conjunto Cajun/Zydeco con elementos country, por mínimos que fuesen, siendo flexibles…



Domingo 31


Amaneció soleado, algo no siempre corriente en esa zona del país. El clima invitaba a un paseo por las calles de Craponne-sur-Arzon, destino casi obligado de todos los asistentes al “Country Rendez-Vous”. Durante los tres días del festival, las dos plazas principales siempre están atiborradas de aficionados al country, muchos de ellos vestidos con ropas Western como es usual en este tipo de eventos. Tampoco faltan las motos más espectaculares. Grupos europeos especializados en diversos estilos del género, tocan en reducidos escenarios para deleite de quienes permanecen de pie, descansan en terrazas o se reúnen para bailar (en la misma carpa del festival también hay un espacio reservado a los danzantes). En las horas previas a que dé comienzo la primera actuación en el recinto de la explanada campestre, mientras deambulábamos por Capronne, nos reencontramos con otros aficionados catalanes que no veíamos desde nuestra última asistencia al festival. Por allí desfilaban Mario “Travis”(cantante de la Redneck House Band y exdisc-jockey del desaparecido honky-tonk “Jambalaya” en el puerto de Masnou), Miquel, Berna, Augusto… La mayoría con sus parejas e hijos. Este último nos descubrió un pasatiempo que desconocíamos: hacerse fotos en la estación de tren abandonada. Hasta allí nos dirigimos y recreamos escenas de los Westerns clásicos colgándonos de los vagones o postrándonos en medio de las vías.

También nos pusimos en la piel de los “hobos” imitando las portadas de discos de Boxcar Willie, Merle Haggard u otros artistas capaces de representaran la imagen romantizada de aquellos desarraigados trovadores que vagaban por los EE.UU. en busca de trabajo, aventuras o huyendo de algo. En mi cabeza resonaban dispersas estrofas de las viejas canciones de Jimmie Rodgers, Goebel Reeves o Woody Guthrie. No obstante, aquel divertimento era más afín al mundo Western y por lo tanto, parecía augurar el estilo musical del primer concierto de la jornada…Y nada más penetrar en el recinto, uno de los cobradores de ticket me dijo que le encantaba mi look. Desde luego, mi conjunto en la onda “Nudie-Manuel” del Dwight Yoakam que irrumpió en Nashville con su Bakersfield Sound rockero, era un atuendo único entre todos los demás. Todo, menos las botas, el cinturón y la camiseta sin mangas, lo adquirí en Chihuahua, más barato que al otro lado del Rio Grande…


The Ranch House Favorites provenían de Holanda y están considerados como el mejor grupo Western-Swing europeo según la brevísima referencia del catálogo del festival. Vestían de igual manera, respetando la moda Western de las bandas de los 1930’, 40’ y 50’. La instrumentación se ajustaba primordialmente al modelo clásico: fiddle, contrabajo, guitarra acústica y guitarra eléctrica. Como formación Western, tipo Riders In The Sky, por ejemplo, es aceptable. Sin embargo, a juzgar por la primera impresión, para ser catalogado como conjunto Western-Swing, haría falta la intervención de un pedal-steel y a ser posible, más de un fiddle. No obstante, hay que considerar que es una banda europea y no podemos exigir demasiado, si bien, teniendo en cuenta estos factores, estuvieron a un gran nivel y la esencia de su estilo era rotundamente Western-Swing. El primer disparo fue una animada polka Western-Swing, le siguió otra muestra tradicional del estilo tejano y “Sugar Moon”de Bob Wills & His Texas Playboys. Continuaron con “Hey, Mister Cotton Picker” popularizada por Tennessee Ernie Ford en 1953, hasta argumentar que habían tocado con Hank Thompson a quien homenajearon interpretando “The Wild Side Of Life”. Entonces, asaltó mi memoria el recuerdo de cuando esta leyenda del country recaló en Barcelona y le regalé una caricatura suya preparada para la ocasión. Poco después recibí una carta suya dándome la gracias por el detalle y diciendo que le gustaba contemplar diariamente mi retrato pues colgaba de la pared de su despacho…”Roly Poly”, otro éxito de Bob Wills desde su primera grabación en 1945 y compuesta por Fred Rose, fue interpretada con solvencia. Luego, un Blues tejano dentro del estilo Western-Swing seguido de un boogie-woogie con cierta base bluesera donde el guitarrista se puso a tocar la armónica. Tras esta pieza, dejó la armónica y versionó “I’m Satisfied with You”, creada por Fred Rose. La décima también era otro clásico de Bob Wills: la balada“Blues For Dixie”. Después, más pureza Western-Swing apretando el gatillo con una pieza de Tex Williams y así alcanzar la docena con “San Antonio Rose” en clave instrumental en la cual el fiddle raspó durante unos segundos su instrumento con los dedos. No podía faltar, como tampoco una de Asleep At The Wheel. En este caso, “Miles and Miles of Texas”. Prosiguieron con una rendición al Honky-Tonk más auténtico: “Shine, Shave, Shower”, registrada por Lefty Frizzell nada más entrar en la década de los 1950’. Recurrieron nuevamente a una canción de Tex Williams pero el fiddle intercaló parte de la melodía de “The Eyes of Texas”; tal vez por si hubiera algún tejano entre el público y se cuadrase en un gesto patriótico…Una vez finalizada, el contrabajista anunció “The Girl From Memphis” aludiendo al hecho de que al tratarse de un “Gypsy Swing”, el violín se tañe al estilo gitano. Sólo cabía imaginar a unos cuantos zíngaros con sombreros vaqueros…Algo nada insólito para los oídos del aficionado al Western-Swing. Este estilo country mezclado con Jazz, nació (durante los 1930’) de una amplia amalgama de componentes musicales: Country (melodías tradicionales para fiddle y cowboy songs principalmente), Blues, música folklórica mexicana, Dixieland Jazz, Swing de los 30’, Rags, etc…


El elegante cuarteto se mantuvo fiel a la tradición con “Smoke! Smoke! (That Cigarette), compuesta por Merle Travis y Tex Williams. Se antoja inevitable pensar en que una canción con semejante letra, aun habiendo sido registrada a finales de los 1940’, está de vigente actualidad. Esperemos que la prohibición del tabaco en EE.UU. no llegue hasta el punto de eliminar las referencias al mismo en las canciones…Y que conste que nunca he sido fumador. Es más, en determinados momentos del festival, tuve que irme a ocupar otra posición porque algún individuo fumaba a mi lado; con el peligro de quemarme además de echarme el humo en la cara. Respeto pues la libertad de fumar, pero que los fumadores respeten la mía. Y, por descontado, si un tema es tan bueno como el de Travis y Williams, no me queda más que celebrarlo…pero, claro, no con un pitillo. El recital terminó con tres piezas más, igualmente alegres. La penúltima, “Caledonia”, el célebre Rhitmin’& Blues de Louis Jordan . El postrero balazo estaba dedicado a Hank Thompson: “Six Pack To Go”, con esa mezcla de Western-Swing y Honky-Tonk que el tejano de Waco dominaba a la perfección.

La formación instrumental de Kathy Kallick Band certificaba una estructura afincada en el Bluegrass clásico: fiddle (una jovencita), mandolina, contrabajo, banjo, dobro y guitarra (la propia Kathy Kallick). Sin embargo, el quinteto aportaba rasgos de Folk, Blues y Swing a su estilo. Despegaron con un tema típico de la onda bluegrassera contemporánea, al igual que el segundo: “Call Me A Taxi”, correspondiente al álbum que lleva el mismo nombre grabado por la veterana Kathy Kallick en 1996. La cantante se presentó al público con estas palabras: < Bon jour mes amies…Je ne parle pas français, sólo un poco >. Cantó una balada folkie donde el banjista hizo uso de un dobro. Luego, introdujo a la banda: Tom (mandolina), Annie (fiddle), “Lonesome Dan” (contrabajo) y Greg (banjo y dobro) para conectar con un clásico instrumental del Western-Swing, “Panhandle Rag” insuflándole un tono jazzístico. Todos, excelentes músicos. En la siguiente pieza, “Lonesome Without You”, Tom se apoderó del fiddle mientras la vocalista-guitarrista citó a Bobby Flores y sus tres fiddlers . Tom volvió a su mandolina y Kathy , ataviada con chaqueta tejana azul oscuro grisáceo sobre blusa verde y falda del mismo color con estampados, prologó el tema posterior: < Esta canción es una historia real sobre mi casa, maison moi…>. Un mid-tempo titulado “My House”.

Al acabar introdujo la explícita “Kentucky Mandolin” de esta forma: < Bill Monroe, el hombre que inventó el Bluegrass, procedía de familia escocesa-irlandesa…Su estilo mezclaba Gospel, Blues americano, un poquito de Jazz…>. Como documenta el musicólogo Robert Cantwell, Buck Monroe, el padre de Bill, era propietario de una granja de 600 acres (655 según otros estudiosos como Neil V.Rosenberg y Charles K.Wolfe) a las afueras de Rosine (Kentucky) y descendía de aquellos Scots-Irish que se establecieron en áreas de los montes Apalaches desde principios del siglo XVIII. Esas gentes constituyeron el embrión del arquetipo anglosajón americano rudo, religioso, tradicionalista, intrépido, independiente y otros adjetivos más que tendría sus estereotipos más destacados en el “montañés” y más tarde el “cowboy”. Los colonos escoceses-irlandeses se erigieron como los primigenios artesanos en engendrar lo que hoy conocemos como Country Music. Bill Monroe (1911-1996) fue homenajeado por la maestría de Tom con la mandolina, el instrumento que tan bien tañía el Padre del Bluegrass, apoyado por sus compañeros. Tuve el honor de ver en directo a Bill Monroe hace muchos años en el Festival de Wembley, el más emblemático que se ha hecho en Europa…


Kathy Kallick pasó a anunciar otra animada pieza Bluegrass, perteneciente a su nuevo cd y compuesta por ella misma: “Where Is My Little Cabin Home?“ comentando que son numerosas las canciones que versan sobre pequeñas cabañas, los hogares de aquellas gentes de las montañas. El primer tema country no instrumental que se grabó hablaba precisamente de ello y de la tan recurrente añoranza por el hogar. Se trata de “Little Old Log Cabin In The Lane”, interpretada por el georgiano Fiddlin’ John Carson acompañado únicamente de su fiddle. Registrada en 1923, un año después de la primera grabación oficial de un disco country. Fue justamente Carson uno de los que hicieron una versión country de la anteriormente mencionada “When The Saints Go Marching In”, en 1934.

Kathy dio la bienvenida a su próximo tema diciendo que era un “fairytale”, un cuento de hadas. Aludió a que en Francia hay muchos castillos, asociándolo con su historia y se dispuso a cantar “You Took Me Away”, un mid-tempo donde se recuperaba el sonido del dobro. Después, una alegre canción para niños sobre un viejo tren, “ The Old Black Choo Choo >, de su nuevo trabajo discográfico. Regresó el banjo y la fiddler también cantó. La pieza ideal como banda sonora mientras mis amigos y yo jugueteábamos en la estación de tren de Craponne…

Luego le llegó el turno al inevitable Gospel bluegrassero (perteneciente a su nueva compilación Gospel, según aclaró Kathy) y como comentaría el contrabajista, muy adecuado ya que estábamos en domingo. Empezó A Capella para ir cogiendo un frenético ritmo, como un tren en marcha…El público no pudo evitar corresponder con una explosión de aplausos. El tren casi descarrila cuando aumentó la marcha al compás del instrumental “Shuckin’ The Corn” protagonizado por el dobro y dotado de un feeling celta en el fiddle.

A continuación, el contrabajista cantó una versión de “Evangelina” más dinámica que la que oí por primera vez, de Hoyt Axton, a quienes algunos recordarán porque actuó en el film “Gremlins”(1984)…Con el instrumental “The North Carolina Breakdown” se intensificó la velocidad y tras ausentarse la banda del escenario, el público reivindicaba más. No se hicieron de rogar. Kathy Kallick se expresó agradecida: < Très joli! > y explicó que iba a interpretar una “story song” que cantaba su madre para bailar con el estilo tejano. Ni más ni menos que la célebre “Cotton-Eyed Joe” cuya primigenia grabación country data de finales de los 1920’ y fue en el sureste. Hago este matiz porque generalmente se vincula a esta alegre canción con Texas. De hecho, no fue hasta que la registrasen Adolph Hofner& His San Antonians en Dallas (1941) con estilo Western-Swing, cuando “Cotton-Eyed Joe” pasaría a considerarse casi “patrimonio” del Estado de la Estrella Solitaria. Pero es muy probable que la melodía proceda de una danza tradicional del Quebec según ciertas referencias.

De hecho, del mismo modo que el country originario, cuya cuna es el Este de EE.UU, empezó a germinar a partir de la música folklórica y religiosa proveniente de las Islas Británicas, las primeras canciones y melodías country del Oeste no únicamente podían ser versiones más o menos recicladas de sus moldes orientales sino que también se formaban bebiendo directamente de otras fuentes, como el folklore europeo o canadiense. “Cotton-Eyed Joe” se inició con un intervención del fiddle a ritmo lento, avanzó con la voz de Kathy A Capella, continuó con un tono de medio tiempo y fue escalando notas cada vez más aceleradas hasta ganar en velocidad. Como si los músicos se viesen incapaces de parar tanta celeridad, el concierto tuvo su remate final con una versión de “Cindy” cantada por el mandolinista. Bob Wills & His Texas Playboys hicieron su versión Western-Swing en 1936 con el título de “Get Along Home, Cindy” aunque en el 34 ya la registraron en este estilo Milton Brown & His Musical Brownies. Quizás la Kathy Kallick Band se inspiró en alguna de ellas, pero probablemente también de sus múltiples versiones Bluegrass o de clásicos del Country en general como Lulu Belle & Scotty o Delmore Brothers, por ejemplo. Sea como fuere, la primera grabación country se remonta a 1924, obviamente dentro del vasto y fructífero período Old-Time. Corrió a cargo del dúo Samantha Bumgarner & Eva Davis y llevaba por título “Cindy In The Meadows”.

Por lo tanto, fueron mujeres como Kathy Kallick las pioneras en trasladar esta divertida canción al formato discográfico, en la naciente industria del género mucho antes de que se acordara bautizarlo con el nombre de “country” tras debatirse entre otros apelativos menos apropiados. Y ahora, en pleno siglo XXI, comprobamos que aquellas canciones y melodías continúan interpretándose incluso en Europa. Retrocediendo más atrás en el tiempo, ¿podían tan siquiera presentir los músicos y cantantes country de la primera generación, siglos atrás, qué sus canciones y melodías acabarían sonando en un aparato de música? Que todos los implicados en el Country (artistas, compositores, periodistas, escritores, productores, aficionados, etc, etc…) sigamos emocionándonos con este género y conservándolo más o menos puro, no deja de ser un homenaje a esa larga tradición que se inició en vetustas cabañas, granjas, ferias y ceremonias regionales; viajando a lomos de mulas, caballos, en carros, carretas, etc…Que todavía exista la esencia de esta música es un premio para todos aquellos pobres músicos callejeros, para quienes procuraban ganarse el pan en espectáculos, para los muchísimos músicos y cantantes no profesionales, para las familias que, por amor al arte y tradición, nacieron prácticamente con un instrumento bajo el brazo…Para quienes tocaban en sus hogares, en actos públicos de toda índole o durante el camino. Un homenaje a toda esa gente del campo, acostumbrada normalmente a la pobreza y las más duras condiciones de vida, que supieron concebir y conservar un género tan bello y variado como el country….

Algunos artistas actuales, como el tejano Kyle Park, parecen alejarse un poco de esa esencia si juzgamos objetivamente el recital que nos ofreció. La música country nunca ha dejado de evolucionar, pero cuando pierde una porción demasiado grande de su naturaleza sustancial, pasa a mutar en algo que deja de gustarme. Su música sonó como un híbrido de Country, Rock y Pop, difícilmente digerible para paladares exigentes en cuanto a conservar la porción suficiente del primer género. Un cuarteto compuesto por Kyle (voz, guitarra eléctrica), otra guitarra eléctrica, batería y bajo eléctrico. En principio, la cosa prometía, ya que el artista empezó su carrera como telonero de estrellas honkytonkeras de la talla de Aaron Watson y Mark Chesnutt. Habiéndome perdido la actuación de Watson el viernes, anhelaba experimentar un recital de genuino Honky-Tonk contemporáneo.

En cambio, me encontré con un rockero con oficio y entrega, pero poco generoso en cuanto al ingrediente country. La estridencia eléctrica de su propuesta fue distanciándome del escenario hasta situarme en la cola para entregarle mi libro a Kathy Kallick. Y su recibimiento fue muy positivo, destilando una cándida sonrisa. Gloria, más familiarizada que yo con las musas del Bluegrass actual, pudo conversar unos minutos con ella y según llegó a entender, Kallick estuvo viviendo dos meses en Barcelona durante la década de los 1970’. Habló de una canción que había escrito o tenía intención de hacerlo, referente a la capital catalana, pero no captamos exactamente el mensaje. Cuando estás en la cola esperando a fotografiarte con los artistas o para que te firmen el cd (o lo que sea) hay que actuar con premura a fin de no retrasar y entorpecer el curso de la misma. Entretanto, lo que oía de Kyle Park me dejaba indiferente e incluso en determinados instantes me provocaba rechazo; salvo en muy contadas ocasionas, cuando conectaba con las vibraciones honkytonkeras, como en su homenaje a Johnny Cash con “Folsom Prison Blues>. Antes de que desapareciera de escena, me puse a sortear obstáculos introduciéndome entre el laberinto de gente para colocarme en primera fila y aguardar impaciente la salida de Tanya Tucker, la gran Estrella Clásica del Festival…


La tejana, que obtuvo su primer éxito a la edad de trece años, se hizo de rogar. El sexteto (pedal-steel, guitarras acústica y eléctrica, batería, teclados, armónica y bajo eléctrico), entretuvo al público debido a la demora de su cantante. El músico de la guitarra acústica cantó “Liza Jane”, el tema compuesto por Reed Nielsen Y Vince Gill que éste incluyó en su álbum “Pocket Full Of Gold”(1991) seguido de una pieza de Rock Sureño bastante más Blues que Country. Y a la tercera va la vencida, porque en cuanto la banda recuperó un tema de Elvis Presley, Tanya se dignó por fin a hacer su espectacular aparición ante la ovación de los allí presentes. Su actuación desde ese mismo momento, se ajustaba a los rasgos astrológicos de su signo solar, Libra: encanto, sensualidad, deseo de contentar, de seducir con elegancia; cuidada estética y la necesidad de armonía a su alrededor. La facilidad para atraer y seducir con sus encantos de estas venusianas, estaba totalmente personificado en ella. Desde la primera canción, demasiado rockera, ofreció un variado catálogo de poses y movimientos sexys. Se agachaba y arqueaba las piernas imitando a Elvis, mirando a ambos lados. Llevaba gafas oscuras (más bien cuadradas) con borde plateado, pantalones blancos, blusa azulada atada con un cinturón blanco; pendientes y collar plateados. Quizás debido a la indecisión propia de los de su signo, solía quitarse las gafas y volvérselas a poner. La segunda pieza, donde no escatimó en toda índole de seductoras posturitas, mostrando sus ojos, era un mid-tempo Country-Pop rockero que todavía no respondía al criterio de los fans más acérrimos del Country Clásico. De hecho, esperé en vano todo el concierto por si cantaba una de mis baladas favoritas, “It’s A Cowboy Lovin’ Night” o su sensacional versión de “Is Anybody Goin’ To San Antone” del cd “My Turn”(2009). Para este icono del Tex-Mex Country sopesé la posibilidad de que el acordeonista de Los Pacaminos, quienes despedirían la velada, se prestaría a emular al ausente Flaco Jiménez con una breve intervención. No obstante, la venusiana comenzó a recobrar la línea más campestre con “If Your Heart Ain’t Busy Tonight”(1992) meneándose, bailando y posando como para una revista de moda. Mostrando su clase y empatía con la audiencia. Después hizo la presentación de la balada Country-Pop “Love Me Like You Used To”(1987): < Esta es una de mis particulares canciones favoritas >. Luego, otro Clásico de cosecha propia: “Hangin’ In”, del álbum “Soon”(1993) utilizando elegantemente su erotismo venusiano, arqueando las piernas, inclinándose y paseándose con otras de las posturas sexys que tanto dieron que hablar cuando le vino el temprano éxito siendo todavía una adolescente.

La sexta, también de “Soon”, fue “Strong Enough to Bend”, compuesta por el tándem Beth Nielsen Chapman y Don Schlitz. Ya me daba por satisfecho, y más aún cuando la guitarra eléctrica fue sustituida por una mandolina para “San Antonio Stroll”, de mediados de los 70’. Tanya iba transitando por la senda que más complace a sus seguidores y a los del Country en general. Sin tan sólo un segundo de respiro, se colocó un sombrero negro de ala corta con banda plateada para interpretar “Walking Shoes” de Paul Kennerley, del álbum “Tennessee Woman”(1990), y después se deshizo de él en otra prueba más de su venusiana coquetería. Pero volvió a colocárselo para la novena canción. aseveró. Así que emuló al ídolo californiano, incluso simulando poniéndose a tocar una guitarra como si fuera él, con “Ramblin’ Fever”, contenido en esa joya llamada “My Turn”, imprescindible para todo amante del Country en mayúsculas. Casualmente, un tema muy apropiado para la “Novena Casa” astrológica, ya que básicamente retrata la vida itinerante, correspondiente al viajero Sagitario. Haggard es Aries, pero también Signo de Fuego…y “Fuego” debe de haber bastante en la carta astral de la glamourosa tejana, porque no mermaban sus fuerzas para hacer más flexiones, giros y excursiones de un extremo a otro del escenario. Había que reducir la marcha pues ni Messi está galopando con el balón durante todos los minutos de un partido y tras pronunciar < no parlez vous français>, preguntar a la audiencia si sabía inglés, explicar cómo le gustaba estar allí y dar las gracias por la acogida, nos obsequió con la balada “She Thinks I Still Care”, que George Jones convirtió en todo un clásico en 1962. Como buena Libra, ya se había desprendido hábil y sutilmente de sus gafas aflorando su aspecto más voluble. La Venus tejana desea sentirse joven y bella a todas horas y al anunciar su siguiente tema, bromeó con que era de los 60’ pero no quería acordarse de la fecha exacta…entendiendo que eso la haría más vieja. No obstante, Tanya, nacida en 1958, todavía conservaba el atractivo, algo que iba forzosamente más en consonancia con su talento, simpatía y carácter que con su figura; cuidada, pero obviamente no la misma que cuando era aquella jovencita sexy capaz de escandalizar a los campesinos más conservadores o enamorar a tantos hombres. No obstante, todavía estaba de buen ver…

Después de un retorno, poco celebrado por mí, al Country-Pop, nos sorprendió a todos (algo común en los Signos de Aire…) descubriéndonos que la adolescente de los coros (con gafas de sol) era Presley Tanita, su hija mayor. Se retiró dejándonos con la chica para que tuviera sus instantes de gloria. Ésta interpretó una pieza Pop-Rock con el mismo desparpajo que su madre y algún ligero movimiento sexy aunque sin la exagerada actitud insinuante de su progenitora. El tema, insoportable para mis oídos, parecía denominarse “Wake Up”. Mientras Tanya debía recargar las pilas en su camerino, la muchacha se atrevió con una balada country cuyo título tal vez fuera “ Stay and Teach Me To Forget”. Estuvo aplicada en su interpretación, resolviendo la papeleta con buena nota y aventurándose sin dificultad en los tonos altos. La lánguida pedal-steel acentuaba la personalidad country de esa balada “marca de la casa”. El entusiasmo prendía en un público condescendiente con la diosa helénica y recibió su regreso con aplausos. Se había cambiado de look y llevaba una camiseta blanca encima del vestido. Yo no quise ser severo con esa incursión de la hija y pacientemente esperé a que le entrasen ganas de dedicarse a repasar otros temas clásicos de su fulgurante carrera. Sin embargo, madre e hija se pusieron a cantar “Tell Me About It”, del album “Can’t Run From Yourself”(1992). Presley hacía la labor de Delbert McClinton en el disco, pero lógicamente en su vertiente “Yin”. Las dos, esgrimiendo sus respectivos micros, bailaban en plan sexy si bien Tanya estaba más experimentada en los movimientos de piernas al estilo Elvis. No olvidemos que Libra, como el resto de Signos de Aire, es un signo masculino…bien compensado con la energía femenina, eso sí, al estar regido por Venus. Algunos dioses del Olimpo Country se escandalizaron cuando la diva hacía sus pinitos en la industria de Nashville, pero ahora todo aquello ha quedado atrás y ella continúa explotando esta particularidad. Yo prefiero semejante actitud a que el artista permanezca inmóvil, pero ya había visto a Tanya Tucker en otros conciertos años atrás, y éste era el que menos me convencía, quizás debido a la selección de los temas. Luego hizo salir a escena a Layla LaCosta, su vástago más pequeño, una niña de larga cabellera rubia con una trenza en un lado para cantar, con el apoyo de los demás músicos y por supuesto de su dinámica mamá, “Take Me Home, Country Roads” popularizada por John Denver al inicio de los 1970’. La niña no se meneaba tanto como su madre y hermana, pero se perfilaba como otra posible futura promesa de la saga “Tucker”…

Tanya, nuevamente tocada con su distinguido sombrero (es difícil imaginar a una auténtica Libra con un gorro de Hillbilly, uno sucio de granjero o cualquier sombrero exento de cierto toque elegante salvo que la imagen de un trabajo concreto lo requiera) arrancó con otro de sus éxitos: “Down To My Last Teardrop”. A continuación, otra vez sin sombrero, retrocedió en el tiempo rememorando la primera vez que probó fortuna en Nashville y su primer disco de 1972. Entonces nos deleitó con “Don’t Come Home a Drinkin’ “, el éxito de Loretta Lynn de la segunda mitad de los 1960’. Este gesto de reivindicar a la “Hija del minero” de Kentucky, me reconcilió con su trayectoria durante el concierto. Después, se sumergió en el océano más espiritual y religioso para resucitar “Amazing Grace”. Probablemente el himno religioso norteamericano más renombrado de la historia. John Newton escribió la letra en 1789, basándose en su experiencia con el tráfico de esclavos traídos de África en aquellos asfixiantes barcos. En 1844, William Walker aportaría la música. Todo un icono del Gospel y la música religiosa en general que ha generado incontables versiones dentro del género country. No es necesario ser cristiano ni profesar cualquier otra religión para abrazar el sentimiento que proclama o dejarse embelesar por las positivas vibraciones que emanan de la melodía. La pieza empezó con un solo de teclado como único apoyo instrumental a la voz de Tanya. Seguidamente la encadenó a “Delta Dawn”(1972), uno de sus más renombrados éxitos, indispensable para que zarpase hacia el estrellato. Se añadieron los coros y demás instrumentos. La venusiana se despidió muy agradecida, junto a su hija mayor, con efusivos saludos. El escenario permaneció vacío escasos minutos, la gente quería más y en la tanda de los bises, “Texas (When I Die)”, recobrando la energía con su sensual agitación y la permanente sonrisa. El público no se conformaba con un solo bis, pero Tanya ya estaba preparándose para la sesión de fotos y firmas con sus fans…



Según mi propia opinión y la de mis acompañantes, el concierto de Tanya Tucker, aún sin quitarle mérito a su profesionalidad, no cumplió nuestras expectativas. Sin embargo, de los británicos Pacaminos no teníamos referencia alguna, salvo que el folleto los encasilló como una banda Tex-Mex dispuesta a clausurar el festival con la firme propuesta de hacer bailar a la audiencia. No obstante, hubo una sorpresa de última hora, no anunciada, y antes que ellos apareció una tal Margaux. Se trataba de una cantante Folk francesa que, en su idioma natal, ofreció un breve recital acompañada solamente de su guitarra. Algo ciertamente fuera de contexto y mucho más apropiado para un Pub o cualquier otro tipo de local nocturno. Pero yo ya estaba ubicado en la cola para regalarle un ejemplar de “Country Music Stars” a Tanya. Quedó gratamente impresionada del libro, mostrándose muy receptiva y cordial con nosotros. Desplegó toda su simpatía natural e incluso nos pidió a Josep Julià y a mí que le dedicásemos la obra. No recuerdo qué le escribí exactamente, pues uno debe comportarse diligentemente ya que tienes detrás tuyo a muchas personas que también esperan conocer de cerca a la diva. Entre el nerviosismo, prestar la cámara a otro para que fotografíe y la cola, todo acontece de forma bastante precipitada. Sé que mi dedicatoria estuvo lejos de ser ocurrente pero tampoco era cuestión de recrearse…Pese a ello, pude atender a la aparición de Los Pacaminos, que comenzaron con “The Highway Patrol”, uno de los clásicos del sub-estilo “Truck Drivin’ Music”, las “canciones de camioneros” que tanto proliferaron durante las décadas de los 1960’ y 70’.

El tema lo popularizó Red Simpson, la leyenda de esta clase de country que a mi tanto me excita pero que no ha tenido demasiada repercusión en los últimos años pese a que algunos artistas han intentado reanimarlo con la calidad que se merece. Uno de ellos, Junior Brown, realizó una versión del tema titulada “Highway Patrol”, en su álbum “Guit With It” de 1993. Mientras mi mente deambulaba por las carreteras americanas y los Truck Stops, uno de los músicos de Lisa Haley se dirigió a mí alzando el pulgar y pronunciando un “very nice!” para referirse a mi look. Tras dejar atrás esta efímera anécdota, Los Pacaminos, liderados por Paul Young (ídolo “Pop” de los 1980’), interpretaron una versión semi-Tex-Mex de “Little Sister”, el tema que hizo célebre Elvis Presley en 1961 y décadas después reivindicaría Dwight Yoakam, precisamente el modelo que más se ajustaba a mi celebrado look. La banda se componía de estos instrumentos: dos guitarras eléctricas, acordeón, batería, guitarra acústica, pedal-steel y bajo eléctrico. La tercera pieza fue “(Hey Baby) Qué Pasó”, de Augie Meyers y Bill Sheffield. La oí por primera vez en el disco “Rio Medina” de Sir Douglas Quintet (1984), una adquisición vital para cualquier entusiasta del Tex-Mex. Sin embargo, se hizo todavía más famosa gracias a Los Texas Tornados y su debut discográfico en 1990. Otra perla imprescindible especialmente para los fans del Tex-Mex Country como yo.

Después de una balada y el “Tequila” de The Champs (1958), pieza inapropiada para un evento de esta índole, restablecieron el criterio Tex-Mex country con la cadenciosa y sensual “Little Bit Is Better Than Nada”, compuesta por Doug Sahm y perteneciente al álbum “4 Aces” (1996) de los Texas Tornados. Se alejaron momentáneamente de los aires fronterizos para introducirse en el Western-Swing con “Smoke! Smoke! Smoke! (That Cigarette) y proseguir por cauces que no acababan de satisfacerme: un mid-tempo Pop-Rock, una balada Tex-Mex Country (posiblemente titulada “Shadows on the Life”), el Rock’N’Roll clásico “I’m Ready” pero con un toque Zydeco del acordeón, otra balada country con sabor a chile y una absolutamente “Pop”. Volví a sentir el ambiente de cantina cuando llegó “Guacamole”, la graciosa canción Tex-Mex Country del cd “Hangin’ On By Thread”(1992), inspirada probablemente en “Velma From Selma”, registrada diez años antes por Sir Douglas Quintet. Más tarde, se me acercó un “vaquero” sólo para decirme que me parecía a Dwight Yoakam. A esas alturas del concierto, ya me había percatado de que algo no funcionaba lo suficientemente bien y no era la persistencia en mi look sino la ronca voz del cantante.

Añadamos a esto un repertorio que entremezclaba sonidos sin un ápice de ADN country y que el conjunto no podía competir con la calidad y el “aura” de los Texas Tornados. Eran ya las doce menos cuarto de la noche y yo daba vueltas buscando a mis dos compañeros de viaje. Los últimos disparos de Los Pacaminos me forzaban a ello: un Blues-Rock de Johnny Guitar Watson, el Rhitmin’& Blues “Ain’t Got No Home” (1956) de Clarence “Frogman” Henry, “Wooly Bully” (Sam & The Sham and The Pharaohs; 1965) y el “tiro de gracia”: “La Bamba”, de Richie Havens…No es que yo aborreciese de tales composiciones pues son grandes clásicos, pero impropios de un festival de estas características; y menos aún para despedirlo. El público francés aguantó frente al escenario hasta el último minuto, pero los aficionados al COUNTRY hubiésemos optado por la actuación de alguna estrella o grupo mucho más afín al género…


Dilluns, 1 d'agost

Mi propuesta de aprovechar el día de regreso a España explorando alguna de esas preciosas poblaciones medievales de la región, surgió efecto. El itinerario se inició desviándonos unos pocos kilómetros a la derecha para recalar en Saugues. Esta localidad forma parte del peregrinaje hacia Santiago de Compostela, aunque el motivo de mi interés residía en la leyenda de la “Bestia de Gévaudan”…


Cuenta la historia, que entre 1764 y 1767, una monstruosa criatura devoró a más de cien personas de esa y otras áreas colindantes. Curiosamente, sólo se cebaba con mujeres y niños. Con una nación a las puertas de la revolución, aquello no perturbó la opulenta vida del rey Luis XV, ocupado en los asuntos cortesanos y no en alimentar a su pueblo hambriento. Sin embargo, los ataques y muertes de la Bestia iban en aumento. Los lugareños no tardaron en darse cuenta que los militares fracasaban en sus intentos de cazar al animal, cuyas fauces eran mayores que las de un lobo, tenía unas enormes garras afiladas y una velocidad y agilidad impresionantes. Entonces, el problema ya había pasado a ser toda una cuestión de Estado. El monarca debía hacer alguna cosa, porque se mofaban de él en el extranjero cuestionando su capacidad para poner fin al enigma. Decidió enviar a unos experimentados cazadores desde Normandía, ofreciendo una apetitosa recompensa que se reforzó con aportaciones económicas de un obispo, un intendente y un sindicato. Como era de esperar, numerosos campesinos y cazadores de toda Francia se sumaron a la búsqueda. También del resto de Europa. Pese a los medios y esfuerzos, la bestia seguía actuando. La desesperación alcanzó tal punto, que hasta nobles y campesinos de la zona la tomaron con los gitanos zíngaros creyendo que habían dejado escapar a algún oso…Tal vez los toques “Gypsyes” de fiddle que sonaron en el festival fueran reminiscencias desde el “Más Allá” de los lamentos de aquellos gitanos…

Los clérigos de la comarca promulgaban que la criatura era un ser demoníaco llegado para castigar a los campesinos por sus “pecados”. En tanto la población continuaba siendo diezmada, arribaban otros cazadores. Lograron capturar a un enorme lobo que disecado, maquillado y retocado, fue conducido ante Luis XV para ser expuesto en los jardines reales. De paso, tanto el monarca como su corte, aprovecharon para reírse de aquellos temerosos campesinos aterrorizados por un “simple lobo”. Pero el asunto no concluyó aquí y el misterio en torno al monstruoso depredador iría a más…Actualmente, todavía se barajan distintas hipótesis sobre el origen de esa criatura a la que, según las crónicas, se dio caza y sus restos donados al Museo de Ciencias Naturales de París. Allí se conservó su esqueleto, el de una especie de lobo de desmesurado tamaño, hasta ser destruido en 1830 debido a un incendio provocado…Pero, ¿era realmente el cuerpo de la Bestia de Gévaudan? He aquí algunas de las teorías sobre la naturaleza de ese monstruo: un lobo gigantesco, un ejemplar con malformaciones congénitas, el híbrido entre lobo y otra especie (quizás la más verosímil), un experimento genético extraterrestre, un ser proveniente de otra dimensión, un Hombre-Lobo…Existe una balada Folk europea llamada “Reynardine” ,antiguamente muy popular en Francia, sobre la transformación de ser humano en animal, que viajó a los EE.UU. La referencio en mi interrumpido ensayo sobre las raíces del Country. Una de las últimas versiones se incluye, bajo el título de “Reynadine” en el cd “Genuine Negro Jig”(2010) del grupo afroamericano de Old-Time denominado Carolina Chocolate Drops. En cualquier caso, “La Bestia de Gévaudan”no es una mera leyenda sino que verdaderamente existió. Su historia se recreó en formato cinematográfico con el film “El Pacto de los Lobos”(2001) aunque aderezándola con recursos ficticios. En toda la comarca hay referencias a la Bestia, ¡incluido un párking! Y como no, una ruta que sigue los pasos del “animal”. Saugues dispone de “Le Musée Fantastique de la Bête du Gévaudan”, donde mediante una serie de escenografías con muñecos y voz en off, se narra la versión resumida y oficial de aquellos traumáticos acontecimientos. Durante mi último año del Festival “Country Rendez-Vous” ya visité el pequeño museo junto a Josep Julià, pero en esta ocasión le tocaba el turno a Gloria. Espero que no le haya causado pesadillas…



Nuestro siguiente destino, bajando con rumbo a los Pirineos, fue Conques. ¡Visita recomendada!, doy fe de ello. Este encantador emplazamiento medieval parece la reproducción arquetípica de un pueblo de “cuento de hadas”. Kathy Kallick quedaría ideal vestida de juglar y cantando “You Took Me Away” callejeando por las arterias del mágico lugar, en el corazón de uno de los más bonitos entornos naturales de la provincia de Aveyron. Conques puede presumir de un patrimonio arquitectónico excepcional de la Edad Media milagrosamente conservado que nos remonta al año mil. Desde el siglo once, se erigió como uno de los núcleos claves para los peregrinos de Santiago de Compostela. Se accede subiendo una montaña y dentro de la villa amurallada, aparte de la basílica, el monasterio y el resto de edificios medievales, el turista puede disfrutar de una tranquila oferta turística, como establecimientos donde comer y tiendecitas que venden tentadores productos. De vuelta a Barcelona, la banda sonora (100% country) del coche que nos amenizaba a lo largo de todo el viaje, tuvo que disminuir su volumen y de este modo reunir nuestras opiniones sobre las actuaciones que más nos habían gustado. Y coincidimos en el orden de calificación de los conciertos más relevantes:
1- Bobby Flores.
2- Rhonda Vincent & The Rage.
3- Kathy Kallick Band.
4- The Ranch House Favorites.

Tanya Tucker, la mayor estrella del festival, quedó en la quinta posición… Pero, al menos en mi caso, mi criterio estaba ligado fundamentalmente las dosis de country que aportaba cada uno junto con el repertorio escogido. Sin duda, todo ello unido a la calidad. Las estupendas facultades vocales de Tanya Tucker, su innegable talento y el de la banda, así como, sobre todo, el del resto de grupos y artistas norteamericanos, están fuera de duda. Nosotros sólo valoramos aquello que más nos complació…y seguramente coincidiría con la opinión de la mayoría de aficionados al Country más puro.


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