divendres, d’agost 08, 2008

Crónica del viaje al Festival Country Rendez-Vous 2008 de Craponne Sur Arzon


Nota enviada por: Jordi Guasch

Hacía años que no acudía al Festival Country de Craponne pero mi amigo Josep Julià me propuso acompañarle ya que actuaban Asleep At The Wheel, los más celebérrimos seguidores de la herencia “Western-Swing” cimentada por el carismático Bob Wills y sus Texas Playboys. Ya habíamos disfrutado juntos de esta potente banda en uno de los emblemáticos festivales de Wembley a los que solíamos asistir periódicamente. Era una buena oportunidad para volver a deleitarnos con la voz de Ray Benson y su cambiante pero siempre cualitativo conjunto. Para quienes no le conozcáis, Josep Julià es uno de los aficionados y filántropos más destacados del panorama Country en nuestro país. Gracias a sus gestiones y su generosidad, los catalanes pudimos celebrar el primer Festival Country ubicado en nuestro territorio, concretamente en Platja D’Aro, en el que actuó la famosa Carlene Carter. Bueno, contando aquel macroconcierto de Montjüic patrocinado por “Marlboro” acontecido hace ya bastante tiempo y que, por culpa de unos gamberros, terminó de mala manera.

Partimos de Barcelona a las 10 de la mañana. La “banda sonora” de cds country, como no, nos hizo el trayecto más ameno. Rebasadas las zonas más meridionales de Francia, recalamos en la región de Gévaudan y, en una rotonda de la carretera, nos topamos con “La Bestia”....Sin duda, la figura de una monstruosa bestia criptozoológica con bastante apariencia de lobo. Y es que en esta área, se ubica una de las leyendas más interesantes del continente europeo que ha inspirado películas como “Pacto de Lobos”, , libros, debates radiofónicos o reportajes de prensa y televisión.


Según los datos históricos, entre 1764 y 1767, una misteriosa criatura devoró a más de 100 personas limitándose exclusivamente a mujeres y niños. La carnicería abarcaba el vasto territorio que va de Langogne a Aumont y de Ruynes a Pinols y Saughes. Los atemorizados lugareños hablaban de un ser monstruoso y el asunto cobró tal trascendencia, que incluso tuvo que intervenir el Rey de Francia. La incompetencia del ejército (más de 30.000 soldados) y expertos cazadores para dar caza al extraño “animal”llegó a provocar un enorme conflicto a nivel gubernamental. Un buen día, la bestia dejó de matar y se esfumó como si todo aquello hubiese sido una pesadilla. Por eso, este caso forma parte de uno de los más atrayentes para los criptozoólogos. Se han barajado varias hipótesis similares a las del Yeti, Mothman, Bigfoot o Nessie. Entre ellas, la abertura de ciertas puertas dimensionales en determinados períodos... En “Pacto De Lobos”, hay un personaje que viene de los EEUU para atrapar al depredador, lo cual no deja de ser curioso ya que precisamente por esas lindes tiene lugar un Festival Country. Julià había reservado vía internet unas habitaciones en el Hotel Bristol de Le Puy, la localidad a una media hora del recinto donde se lleva a cabo el evento y en la cual se alojan la mayoría de asistentes debido a que Craponne es una localidad pequeña y los hoteles suelen estar ocupados. Al comprobar los datos con la recepcionista del hotel, surgieron problemas. Ella se empeñaba en asegurar que habíamos reservado una habitación doble lo cual exasperó a mi compañero. Tras una breve discusión, decidimos echar una ojeada a nuestra morada de tres noches temiendo que ya no hallaríamos más habitaciones en otro sitio. El cuarto era un angosto cuchitril con dos camas juntas y para colmo, todavía estaba el equipaje de los últimos clientes. Bajamos enfurecidos por el estrecho ascensor y coincidiendo con un inoportuno chaparrón, nos marchamos de allí aventurándonos hasta Saint- Etienne por si la Fortuna nos sonreía y lográbamos localizar algún motel. Nuestros “daimon”(el “ángel de la guarda” de los antiguos griegos) obraron con suma eficacia y conseguimos dar con un hotelito de dos estrellas teniendo el tiempo justo de cambiarnos de ropa y tirar millas hacia Craponne. Arribamos a escasos minutos de comenzar las actuaciones.

Traspasando las puertas de acceso, desembocamos en una gran explanada circunvalada por paradas de ropa y parafernalia Western, cds (y vinilos), chiringuitos de comida y bebida ( 4 euros por un vasito de cerveza, zumo o coca-cola es excesivo) y otros reclamos para los aficionados al Country. Al fondo, en una posición céntrica, está el escenario y al lado, las casetas dispuestas para que los artistas firmen autógrafos; junto al recinto donde se establecen cantantes, músicos, sus asistentes, la prensa y los organizadores. En medio de aquel espacio de conciertos, un entarimado dispuesto para bailes y las mantas o sillas donde descansan los aficionados más previsores, pues tantas horas dando vueltas de parada en parada, es bastante agotador. En los aledaños del Festival, se asientan las tiendas de campaña y roulottes, flanqueadas por hermosos prados y bosques. Un poco más allá, la zona de aparcamiento. Como es de prever, por allí desfilan toda clase de modelos de “Harley”, desde los más convencionales a los más estrambóticos y dignos de ser fotografiados. La fauna es variada pero predominan, obviamente, los sombreros y atavíos vaqueros. Algo a lo que se suman tanto niños como abueletes. Un marco ideal para gozar de esta música enraizada en las tradiciones rurales de los EEUU.


Aquella tarde del viernes 25 de julio amenazó con la incesante lluvia, impidiéndonos circular cómodamente por la superficie del Country Rendez-Vous. Julià y yo nos encomendábamos a nuestro “daimon” para que el torrencial cesase antes de los Asleep At The Wheel. La primera actuación del Festival corrió a cargo de los franceses Mary & Co seguidos de los paisanos Youpi Whaou. Apenas les presté atención debido al temporal (que nos obligaba a refugiarnos bajo el toldo de las paraditas) y a su sonido más bien popero. Luego llegó el texano Mike Blakely con una aceptable dosis de Honky-Tonk que entusiasmó a buena parte de la audiencia, especialmente cuando entonaba piezas de aire fronterizo como una que me recordó a la divertida “Velma From Selma” de Dough Sam & The Sir Douglas Quintet. Blakely era un desconocido para mí pero me causó una buena impresión. Le siguió la banda Cadillac Sky, también estadounidenses. Destilaban ráfagas de Bluegrass contemporáneo en la línea de King Wilkie o los Greencards. Un sonido ecléctico “casi psicodélico” y bien compensado pero con esa etiqueta que se imprime en tantas agrupaciones bluegrasseras modernas: bluegrass desangelado, o aséptico o como le queramos definir con tal de describir un bluegrass más técnico y experimental desprovisto de la rústica simplicidad de su vertiente más clásica. Los Cadillac Sky parecían unos Nickel Creek eufóricos y con más ganas de investigar nuevos senderos que inmovilizarse en la estructura del Bluegrass protocolario. Y por fin los Asleep At The Wheel...


El grupo, nacido en 1969, lo formaban siete componentes que tañían estos instrumentos: teclado, bajo eléctrico, batería, steel guitar, guitarra eléctrica (el propio Ray Benson) , acústica ( Elizabeth Laprelle) y fiddle. Entre el repertorio figuraban: Miles of Miles of Texas, Don’t Fence Me In ( la pieza Pop de Cole Porter tan recurrente entre los Singin´Cowboys), I’m Sittin’ on Top Of The World, Rute 66, Miles of Miles of Texas, Sweet Jenny Lee; la evidente Take Me Back To Tulsa, Big Balls in Cowtown, Pancho & Lefty (del trovador Townes Van Zandt), etc... Jason Roberts, el elegante fiddler, no paraba de imitar los graciosos gestos de Bob Wills: meneando la cintura, señalando con el arco, emitiendo los típicos “Ahaahhh” entre otros sones guturales propios del “Rey del Western-Swing”. Benson se marcó un tremendo Blues haciendo gala de su destreza con la guitarra (incluso la tocó de espaldas) y de su distintivo humor, especialmente cuando cantó House of Blue Lights ya que nos sorprendió extrayendo tres bolas plateadas de sus bolsillos y haciendo malabares hasta colocarse una de ellas sobre el sombrero. Todo un Entertainer sobrado de talento. El punto más débil de la actuación fue la mediocre voz de Elizabeth Laprelle, pareja del batería, que sin desmerecer su entrega en el escenario, creo que Benson merecería contratar a una cantante mejor. Cantando el “Wonderful World” que popularizó Louis Armstrong, evidenciaba su limitada potencia vocal. Pese al predominio de los temas alegres, no faltaba alguna balada como la anteriormente citada. Pero lo que más excitaba al público eran las piezas donde el ritmo del fiddle, la steel y las guitarras galopaban a una gran velocidad. Por ejemplo, cuando interpretaron “Under The Double Eagle”, una melodía basada en el emblema del Imperio austro-húngaro que bebe de las fuentes de los inmigrantes del Este y Centro de Europa instalados en Texas a lo largo del siglo XIX. En 1903, la grabación de la Sousa’s Band recorrió todas las emisoras del país pese a que al oír esta pieza, a todos nos viene a la mente el mundo del Circo. De las “Brass Bands” pasó al Country y el primer registro en este género vino de los Blue Ridge Highballers en 1926, antes de que se erigiese en un icono del estilo Western-Swing. Ray Benson quiso despedirse con Cotton-Eyed Joe , una archiconocida pieza bailable ( indispensable en los antiguos Dance Halls de Texas u Oklahoma) cuya primigenia grabación country la llevó a cabo en 1927 el trio Dyke’s Magic City (fiddle, guitarra y autoarpa) aunque sería Adolph Hofner quien mejor le sacaría partido con su disco de 1941 registrado en Dallas (Texas). Uno no había de ser un Nostradamus para vaticinar que se les reclamaría al menos un bis. Y fueron dos: Happy Trails , el himno “Western” de despedida de los Singin´Cowboys que inmortalizaron Roy Rogers y Dale Evans, y We’re The Texas Playboys. En 1995, la versión femenina de los Texas Playboys, las denominadas “Texas Playgirls” grabaron la variante “We’re The Texas Playgirls”pero sus vocalistas estaban mejor dotadas de cuerdas vocales que la escogida por el líder de Asleep At The Wheel. Eran más de la una de la madrugada. Afortunadamente vimos a los texanos sin una gota de lluvia y nos apresuramos para llegar al hotel y descansar. Me emocionó volver a degustar este dulce postre de puro Western-Swing. Los discípulos de Bob Wills no defraudaron pues les avalan años de profesionalidad y al fin y al cabo, la cantante tampoco poseía una voz tan mala. No obstante, la banda que actuó en Wembley era más completa en cuanto a instrumentos. Por cierto, todavía me pregunto porqué trajeron un saxo y no lo utilizaron en ningún tema...

Cuando llegamos al hotel nos enfrentamos a otra dificultad: la puerta estaba cerrada. Nuestros intentos de abrirla, primero llamando al timbre y más tarde tratando de forzarla, fueron inútiles. Parecíamos condenados a pasar aquella gélida noche retorciéndonos en el asiento del coche. De repente, se me ocurrió explorar la parte trasera del edificio y descubrimos un ventanal cuya puerta de cristal podía abrirse mediante un gran esfuerzo ya que se hallaba ajustada a un enorme frigorífico que a la vez se alineaba con una serie de mesas. Pero emulando la fuerza de Hércules y la astucia de Ulises, logramos penetrar en el interior del hotel. Nos dimos de bruces con el comedor, pillamos algo de comer y subimos sigilosamente hasta nuestras habitaciones mientras el conserje, cubierto con una manta, yacía en un sofá entregado a los brazos de Morfeo.

El sábado amaneció soleado y fuimos a ver el ambientillo que se respiraba en Craponne. Cuatro calles con sus placitas atestadas de la multitud que asistía al Festival. Dos zonas dedicadas al Line Dance, una tiendecilla de motivos Western y poco más. Más tarde subimos a la meseta donde se efectuaba aquella cita anual y una vez dentro del recinto, matamos el tiempo husmeando cds. En una de las paradas nos topamos con Mario “Travis”, el cantante de la Redneck House Band cargando una bolsa con vinilos. Durante las siguientes horas me reencontraría, después de mucho tiempo, con Augusto, otro fiel seguidor del Country. Iba acompañado de su mujer e hija. Pero habían más catalanes: la “troupe” de Girona capitaneada por Lluís Sala y Jordi Colomer, ambos locutores de programas Country; Neus y su marido; y Carles, otro forofo del género que viajaba con más gente de Catalunya. Los primeros en salir al escenario fueron el trío checo Jiri & Rowdy Rascals (fiddle, contrabajo, banjo y guitarra), que según reza el catálogo oficial del Festival, están considerados el mejor grupo de Bluegrass europeo del 2007. No obstante, su estilo rebasa las barreras del Bluegrass adentrándose en los confines del Swing e insuflándole pinceladas de Old-Time. Tocaron piezas tradicionales como Pretty Saro, Little Liza Jane (compuesta en 1916. Bob Wills haría su versión “swing” en 1941), Black-Eyed Suzie (omnipresente en el Country que empezaron grabando los Skillet Lickers y Henry Whitter en 1924) y Clásicos del Western-Swing como “Take Me Back To Tulsa” y “Roly Poly”. En cuanto a esta última, el cantante y fiddler olvidó la letra y la fue recitando mirándola ¡en su móvil!. Pero lo más curioso vendría minutos después: el vocalista nos presentó a su padre quien se plantó frente al micro obsequiándonos con un vals silbado.


El “whistling” fue un recurso utilizado por numerosos cantantes “Pop” de los 1920’-30’ que, especialmente en esta segunda década, usaron también algunos intérpretes country. Aún sin ser ni mucho menos tan empleado como el Yodel, otorgaba a las canciones un toque de originalidad que cuajaba tanto en las baladas más melancólicas como en las canciones más jocosas. Sirvan de ejemplo, por citar tan solo dos, “Tree-Top Serenade” de Carson Robison (prolífico artista y compositor Country de la Era Old-Time con incursiones posteriores en el microcosmos de los Singin’ Cowboys) o “Have You Seen Rover?” del célebre dúo Lulu Belle & Scotty. En las melodías más jazzísticas, la guitarra de esta cualitativa banda rememoraba el arte del gitano Django Reinhardt y a ratos, las condimentaban con influencias de Flamenco. En “Sweet Little Miss Blue Eyes”, un incuestionable Clásico del Bluegrass, le inyectaron un poco de Western-Swing. Grata sorpresa la de esta formación del Este.

El próximo en actuar debía ser el texano Brandon Rhyder pero su avión salió con retraso desde el aeropuerto de Dallas y lo sustituyó la banda suiza Honky-Tonk Farmers descargando un arsenal de canciones más rockeras que campestres. Unos instantes que aproveché para callejear de tienda en tienda mientras me llegaban del escenario los ecos más country: “Guitars, Cadillacs...”de Dwight Yoakam,” HonKy-Tonk Attitude”de Joe Diffie, “Mountain Music” de Alabama...o un “God Bless Texas”de Little Texas que pese al pedal steel , únicamente podría complacer a los incondicionales del Line Dance que visionaban el recital desde una pantalla.


Luego le tocó el turno a otro nativo de Texas, Darren Kozelsky. Pese a las referencias del folleto del “Country Rendez-Vous” calificándolo de “Tradicional”, su sonido era tan rockero que habría devuelto a la tumba al fantasma de Roy Acuff nada más escuchar los primeros acordes. Sopesando el nivel de decibelios de las anteriores actuaciones, cabía esperar que Dierks Bentley se acercaría más a nuestro género. Craso error...


Su banda se componía de pedal steel, batería, bajo y dos guitarras eléctricas además de un efímero banjo que acompañó tímidamente a la primera canción. Bentley, apoyado en su guitarra granate, se mostró atlético y entregado a su público. Saltaba del escenario derrochando energía al compás de un sonido rockero, a menudo bastante Pop. Para contentar a los más puristas, iba intercalando temas de base honky-tonkera. Cantó “There’s a Tear in My Bear” mencionando a Hank Williams; el “Singing The Blues” de M. Endsley que popularizó Marty Robbins en 1955. “Act Naturally” de Buck Owens. Dijo: < Ahora una canción para Waylon Jennings> y se puso tierno con “Luckenback Texas” para regocijo de las damas presentes que admiraban su juvenil atractivo. Versionó el “Folsom Prison Blues” de Johnny Cash. Sin negarle su empeño de satisfacer las necesidades auditivas del aficionado country, tanta electricidad le delataba. Dejando de lado sus pequeños homenajes a iconos del Country, el concierto me resultó insufrible lo cual no desmerece la entrega que puso ni la calidad de su música. Simplemente carecía de unos fundamentos country. Lo suyo partía de una esencia rockera a la que añadía elementos rurales. Para terminar la jornada, el escenario se vació de instrumentos dando pié a un dueto con dos guitarras acústicas. La voluptuosa rubia Bonnie Bishop, ataviada con un sedoso vestido azul marino, también perdió a su banda por el camino. Ella y su acompañante, Max Skinner, nos envolvieron en una atmósfera intimista plagada de canciones folkie tremendamente lentas. La chica le ponía sentimiento y comentaba el motivo de determinadas composiciones como una sobre un muchacho de Virginia al que no le gustaba vivir en Texas y anhelaba regresar a su montañosa tierra. Cuando ya casi parte de los asistentes se caían de sueño ante el ritmo pausado de su repertorio, Max , que de vez en cuando cantaba, agarró una guitarra eléctrica pero en vez de despertarnos, le dio por marcarse un Blues. Su admiración por Gillian Welch se plasmó en una de las composiciones de esta cantautora country-folk. Cuando la agradable voz de Bonnie deseaba apartarse del tono tristón que dominaba su selección de sedantes baladas, no lo hacía con temas más alegres sino con frases en francés. En una ocasión pronunció: < J’aime beaucoup le fromage >. Ya teníamos algo en común.


De acuerdo que a la estadounidense le faltaba el respaldo de su conjunto, pero a juzgar por el contenido de su repertorio, estaría más cómoda sentada en el taburete de un pub o honky-tonk que de pié en un escenario tan grande. Sería injusto por mi parte criticarla por practicar un estilo tan austero porque la mujer tiene suficiente calidad. Lo que considero discutible es programar su recital como colofón a un día donde las raíces country brillaban por su ausencia. Hubiese sido preferible finalizar con alguna banda o artista más digerible, ecléctico y con una potencia exenta de excesos rockeros. ¿Acaso lo mejor se reservaba para el Domingo?

Los nubarrones ya eran cosa del pasado y el cielo no vaticinaba más lluvias. Tras el paseito por el epicentro de Craponne, nos encaminamos al Festival. Los norteamericanos 3 Fox Drive se recrearon en el académico Bluegrass contemporáneo que bebe de las formaciones de los 1960’-70’ donde los aires folk adoban algunas piezas sin que ello se aleje en extremo de la fórmula establecida por el Padre del estilo. Para entendernos, 3Fox Drive se aproximan mucho más a los cánones que rigen los patrones de Alison Krauss & Union Station o Rhonda Vincent que al de Bill Monroe o los Stanley Brothers.


En cualquier caso, están más cercanos a la frescura de Vincent que a las licencias “etéreas”de la Krauss, cuyas incursiones en el Universo Pop son más intensas. Aún así, esta agrupación no deja de ser una de tantas; todos tocan de fábula, las armonías son espléndidas y las voces adecuadas pero se ajustan a ese esquema predominante que rige parte del Bluegrass actual; demasiado uniforme e aséptico. Pese a esta carencia de originalidad, la banda (guitarra acústica, bajo eléctrico, banjo y fiddle) supo satisfacer a una agradecida audiencia. La encantadora cantante ejecutó con convicción un tema de la heterodoxa Shelby Lynne titulado “Slowly Down”, “Listen To The Music”, “It’s Cold At The Bottom Of Your Heart”, etc... en una línea más folkie-Pop que bluegrassera. El Clasicismo Bluegrass tuvo su esplendor en piezas como la tradicional “Bill Cheatham” y “An Eye for an Eye”. “Bill Cheatham” es una familiar melodía de fiddle cuya fuente data de un “Hornpipe” compuesto a finales del siglo XIX. Se incluyó entre los primeros registros de Country Music que el fiddler Eck Robertson (secundado por el piano de Nat Shilkret) grabó en 1922. Como otras muchas piezas de baile del Old-Time, pasaría a engrosar la lista de incondicionales del Bluegrass. Una de las canciones, “Fly Away Shuffle”, versaba sobre un viajecito que la cantante realizó por las tierras de los Amish en Pennsylvania. En “An Eye for An Eye”, la vocalista nos aclaró que su argumento versaba sobre el Far West aunque musicalmente se engloba dentro del estilo de Kentucky más puro. Debido al desenfadado cariz de esta composición up-tempo, propuso que la gente bailase pero exceptuando a los más atrevidos, el público permaneció impasible. La audiencia está más aclimatada a bailar los ritmos más urbanos como el line Dance o el Two-Step de Honky-Tonk que los más enraizados en el folklore rural. Por lo tanto, no avisté a nadie dando saltitos de “clogging”o agrupándose para improvisar un Square Dance. El Bluegrass de 3 Fox Drive no es el que más me encandila puesto que yo soy de la “Vieja Escuela”, pero rozaron la excelencia. Aunque con un surtido más generoso en melodías divertidas, quizás hubieran despabilado a todas esas almas que todavía bostezaban de la siesta retozando sobre el césped.

Los Texas Sapphires, de Austin (Texas), parecían haber descendido de la máquina del Tiempo recién llegados de los 1950’ o 60’. La vocalista, Rebecca Lucille, vestía una blusa verde claro y unos tejanos con florecillas como si emulase a las sureñas que por esas décadas se perdían por los honky-tonks. El cantante estaba enfundado en un traje floreado de color lila similar a los que lucían músicos como Buck Owens, Wynn Stewart, Faron Young, Cal Smith, etc, etc...Podríamos imaginárnoslo paseando por las calles de Bakersfield o actuando en el “Louisiana Hayride” o “Grand Ole Opry” de aquella época. Las principales armas de este pintoresco conjunto fueron los dos guitarristas ( bajo y guitarra eléctrica) que, casualmente, pertenecen a la catalana Redneck House Band, y la personalidad de su cantante femenina. Esta, ambientaba cada canción con salerosos movimientos de manos combinados con algún que otro bailecito. La banda se completaba con el batería, la guitarra del joven vocalista y una pedal steel poco virtuosa. El de la steel también tocó la mandolina y un banjo eléctrico. Interpretaron “Driftin’ In”, un honky-tonk de los 50’; “Turn Off The Bible, I ain’t Got To Praise”; “Cigarettes & Coffee Blues”: la rockera “Nashville Moon”; la balada “Teardrops or Rain” de su próximo álbum, entre otras canciones que combinaban Honky-Tonk, Bakersfield Sound y Rock. Rebecca procuraba conquistar al público con su dinamismo ya que su voz, nada desdeñable, estaba a años luz de la de una Patsy Cline, y con esa desenvoltura que le caracterizaba profirió: < Do you like Buck Owens? >. Entonces sonó el clásico de Owens (y Dusty Rhodes) “Under Your Spell Again”que el pasado año incluyó Dwight Yoakam en su disco de homenaje al legendario artista. Viajaron al Este e hicieron una veloz versión (con el banjo eléctrico, evidentemente) del “How Mountain Girls Can Love” de los Stanley Brothers que yo escuché por primera vez en un codiciado vinilo de Kentucky Colonels. Rebecca volvió a comunicarse con la audiencia con su expresiva naturalidad: < Aquí hace tanto calor como en Texas> y luego, el cantante bromeó con que ella era camionera para apretar el acelerador y despedirse con “Truck Drivin’ Man”. Los Texas Sapphires, sin ser nada del otro mundo, obtuvieron los aplausos del público por el gancho de su vocalista, la destreza de los músicos de la Redneck House Band y ese regusto a años 50’-60’donde el Country y el originario Rock ‘N’Roll se fusionaban desarrollando nuevas recetas musicales.


Los Whiskey Falls hicieron temblar la plataforma del escenario acribillando con una sucesión de destellos eléctricos que oscilaban entre el Rock Sureño, el Country-Rock y una insoportable carga de metralla “Heavy” capaz de tumbar al mismísimo Van Halen. Interpretaron el éxito Country-Pop de 1980 “Drivin’ My Life Away” del neoyorkino Eddie Rabbitt. Aparecía en el esperpéntico film “Roadie” protagonizado por Meat Loaf y donde también actuaban Asleep At The Wheel. Dadas sus inclinaciones, resultaba previsible el tema escogido para el bis: “Sweet Home Alabama”. Bajo mi punto de vista, que coincidía con la mayoría de aficionados al country, el espacio que ocupaba esta ruidosa banda podría haberse rellenado con alguno de los cientos de conjuntos “con base country” que existen, siendo igual de dinámicos pero sin un arsenal tan pesado. Pensamos que para rehabilitarnos de tanta guitarra eléctrica, no había nada mejor que el siguiente artista: George Ducas. Depositamos nuestras esperanzas en él confiados de que nos haría olvidar aquella pesadilla con buen Honky-Tonk...


George Ducas debutó en 1994 con un decente trabajo en el que destacaban algunas piezas honky-tonkeras aunque en conjunto, adolecía de un ritmo excesivamente pausado. Se le notaba predispuesto a hacer gala de su supuesto amor hacia el Country al arrancar con el mid-tempo “Teardrops” de ese primer cd, que compuso junto a Terry Mc Bride. Pero teniendo en cuenta que la banda se circunscribía a una batería, dos guitarras eléctricas, un bajo eléctrico y dos acústicas, incluyendo la suya, se palpaba en el ambiente una tendencia rockera. Había sustituido la estética “Western” de aquel cd por una sencilla camiseta y unos tejanos. Tampoco usaba sombrero. Esto no implicaba una renuncia al Country pues la vestimenta vaquera no es ni mucho menos una norma imprescindible en quienes interpretan Country Music. En todo caso, sólo estaría justificada para aquellos que se engloban dentro de los estilos más occidentales pese a que el mismísimo Bill Monroe utilizase ese tipo de sombreros texanos. No obstante, el hecho de que Ducas actuase sin ataviarse con ese patrón estético que tanto cultivó en sus video-clips y reclamos publicitarios, presagiaba un cambio de dirección en su música desde el primer disco. He de admitir con esto, que nunca me interesé por sus siguientes álbumes aunque ya me advirtió Mario “Travis” que no valían la pena. Y no iba mal encaminado...


La segunda canción fue una suerte de reciclaje del “Achy Breaky Heart”. Nombró la steel guitar y el fiddle en las letras de dos temas pero en consecuencia, ¿porqué no los incluyó en su grupo?. Esas alusiones al estilo Honky-Tonk se diluían en cuanto bombardeaba con un sonido tan estridente como el del conjunto que le precedió. Tal vez conciente de que afloraba su vena rockera, colaba alguna concesión al Country: “Blue Eyes Crying In The Rain” (Willie Nelson), su composición “Hello Cruel World”, “Just Call Me Lonesome”( el “shuffle” ideado por Ducas y Radney Foster que este último grabó en 1992) y un bis versioneando otra balada de Nelson acompañándose únicamente de su guitarra acústica. George Ducas me dejó indiferente y es posible que adhiriendo steel y fiddle a su propuesta, el resultado hubiese sido más favorable para los intereses del público country que se sentía engañado con tantas preponderancia del Rock (a menudo irritante) y el Pop. También es cierto que hubo una gran cola para poder obtener la rúbrica del artista...

El sexteto Big Smith significó la mayor sorpresa del Festival, reservada para su último aliento. Naturales de las Ozarks Mountains del suroeste de Missouri, este festivo e iconoclasta conjunto de “modernos hillbillies” estaba compuesto por cinco primos y otro miembro. El premio al Hillbilly más pintoresco recaía en Red Thomas; un orondo barbudo con sombrero de paja, encajado en un peto como si acabase de ordeñar vacas y se dirigiese al bosque para fabricar “moonshine”) y otro miembro. Los miembros de tan singular agrupación tocaban la batería, los teclados, mandolina eléctrica, fiddle, bajo-dobro, contrabajo, guitarra eléctrica, acústica, washboard (tabla de lavar), pandereta y kazoo (trompetita muy usada en las “jug bands”de los 1920’-30’). Todos esperábamos a una banda de Bluegrass con ramalazos Old-Time pero, concluida la primera canción (cantada por el mandolinista-teclista), las sorpresas se sucedían una detrás de otra y nadie era capaz de pronosticar de que estilo sería la próxima.


El segundo tema requirió la voz del chico de la acústica para seguirle un frenético instrumental bluegrassero en el que se luciría el mandolinista. Me fijé que el músico de washboard rascaba el instrumento con unos guantes negros acabados en afiladas uñas similares a las zarpas de un lobo u oso. ¡Vaya! ¿habría cazado al fin a “La Bestia de Gévaudan” quedándose una zarpa cómo trofeo?...De hecho, el “washboard” está muy asociado a la música Cajun, heredera del folklore francés y del cual conservó mitos como el del temible “loup-garou”(Hombre Lobo)...Y a fin de conectar más esta leyenda con el Country, una arcaica balada posiblemente de origen francés denominada “Reynardine” que hace alusión a la licantropía, circulaba por Kentucky a principios del siglo XIX. Y todos sabemos que las Ozarks Mountains fueron pobladas por gentes de los Apalaches. Sea como fuere y volviendo a lo que nos atañe, el raspeo del washboard ya nos orientaba sobre el talante camaleónico de esta banda. A continuación, Red Thomas pilló la acústica y nos enterneció con una sentida balada. Luego se cambió a la mandolina y el del contrabajo cantó un Gospel rockero. Consumados los minutos para las loas celestiales, éste agarró su bajo con aspecto de dobro respaldando al de la eléctrica que se puso a cantar una pieza Honky-Tonk fusionada con una suerte de “Swamp Rock” a lo Tony Joe White. Le sucedieron más tonadas y concretamente en una, Molly, la violinista ( con un vestido anticuado) pudo recrearse en su habilidad con el fiddle y a medida que aligeraba el ritmo, el público la vitoreaba con más énfasis. Gospel, Rock, Bluegrass, brochazos de Old-Time y Honky-Tonk; todo de mezclaba derivando en una amalgama de estilos que hacían de los Big Smith una banda inclasificable. En algunas ocasiones, se asemejaban a los Cactus Brothers, Bad Livers y toda esas agrupaciones Country ajenas a las etiquetas que tenían en común la anárquica frescura de los conjuntos “Old-Time”que florecieron en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esto se evidenció particularmente cuando anunciaron una canción “para los niños”. El guitarrista sujetaba en su boca un kazoo y el del washboard tañía una pandereta con uno de sus pies. Luego interpretaron el Blues-Rock “I Walk Alone” de Los Lobos, aunque yo hubiese preferido versiones de “Anselma” o “Ay Te Dejo En San Antonio” porque con esas ráfagas de Tex-Mex, su eclecticismo habría ganado muchos puntos. Le seguiría “ 12 Inch 3 Speed Oscillating Fan” del cd de 1997 de los Red Meat. Y he aquí que se produjo una sincronicidad, pues durante el preámbulo a la actuación de Big Smith, descontento con tanto “Hard Rock”, le comenté a Lluís Sala que los organizadores podrían invitar a bandas como los Red Meat en vez de tanto “Country”-Pop-Hard-rockero...y con este tema tuvimos una buen bocado de Bakersfield Sound.

De la onda californiana retrocedimos hasta los cimientos de la balada country. Uno de los vocalistas dijo algo así: < ahora interpretaremos “Pretty Polly”, una vieja balada que procede de Inglaterra y que nosotros aprendimos de los Stanley Brothers>. En realidad, “Pretty Polly”es una canción reciclada en EEUU cuyos remotos orígenes nos trasladan a la historia bíblica de Judith y Holofernes. En la Europa del medievo, esta historia se iría escampando adoptando diversos roles y apelativos hasta que en las Islas Británicas se transformó en “Lady Isabel”. La trama es universal: una bella doncella es seducida por un falso caballero que ansía abusar sexualmente de ella. Las leyendas de Hombres Lobos o Bestias míticas que acechan a jovencitas en bosques, acantilados o caminos rurales, están emparentadas con este argumento. La “Caperucita Roja” británica cruzaría el Atlántico y se la conocería como “Pretty Polly” o “May Colvin” si bien, el pérfido Elfo de esta “Murder Ballad”, en suelo apalache pasó a convertirse en un tipo corriente con idénticas intenciones malsanas. Y cuando esa balada Folk, con los aditivos oportunos se transformó en Country,, pasó a engrosar la lista de canciones tradicionales más invocadas. El primer artista country en grabarla fue John Hammond (1925) aunque sería más conocida la versión de otros banjistas, Dock Boggs y B.F.Shelton, un año más tarde. La grabación más exitosa dentro de la Era “Old-Time” procede de las Coon Creek Girls, en 1938. En adelante, además de los revivalistas del Country más rústico, los intérpretes de Bluegrass tomarían prestada la renombrada balada para que no quedase relegada al olvido. Y Big Smith nos regalaron una “Pretty Polly” tremendamente marchosa. Luego se serenaron con un Gospel a Capella para retomar el festivo hilo folklórico desempolvando “Crawdad Song” cuya primigenio registro country se localizó en un estudio de Dallas en 1928 interpretada por el dúo Honeyboy & Sassafrass pero casi todos tenemos en la memoria las versiones de Woody Guthrie o Doc Watson.


Dispararon su postrera bala con otro de sus (para mi gusto) fastidiosos Blues rockeros y desaparecieron. Ni tan siquiera ellos dudaban de que debían volver para rematar la faena con unos bises. Eran casi las dos de la madrugada y los aplausos debían resonar hasta en Paris. Thomas le empezó a dar a la pandereta y animaron a la concurrencia con“Ponce de León”, un Blues-Rock cercano a “C.C.Rider” que empalmaría con un “Y’ll Come” a Capella como si estuvieran en el mismísimo Opry. En ese enlace entre el vagón del Rock y el del Country, solicitaron la participación del público para que coreasen este postrero latido campestre. Y cuando todos creían que el tren de los Ozarks ya encarrilaba su recta final, la familia “Big Smith” nos brindó una vertiginosa pieza bluegrassera: Hard Hearted Woman.

El 1 de marzo de 1512, Juan Ponce de León partió en busca de una isla codiciada porque alguien hizo correr el rumor de que allí se encontraba la fuente de la eterna juventud. El explorador vagó de isla en isla (Las Bahamas, Bimini) probando el agua de todas las fuentes que hallaba a su paso sin que sus canosos cabellos se volviesen negros o que desapareciesen las arrugas de su rostro. Después de seis meses empecinado en su infructuosa búsqueda, se percató de lo ingenuo que había sido. Cuando llegó a Puerto Rico el 5 de octubre, sufrió las burlas de quienes le vieron regresar más enfermo y más viejo que cuando inició la aventura. Los Big Smith si que dieron con la fuente de la juventud renovando los antiguos esquemas de una música tan enraizada como la que desde hace centurias quedó resguardada entre los valles, bosques y colinas de las Ozark Mountains. Sin embargo, también han sabido mantener esa tradición para que, al contrario de lo que le ocurrió al aventurero español, no envejezca jamás. Su versión de “Pretty Polly”asi lo demuestra. La región de las Ozark Mountains comprende básicamente el suroeste de Missouri y el noroeste de Arkansas pero también abarca áreas del este de Oklahoma y Kansas, incluyendo pequeñas partes de Illinois. Desde que se asentaron los primeros colonos, en ese otro bastión “Hillbilly”(aunque menos extenso que los Apalaches) se han conservado baladas Folk británicas tan primitivas como “The Miller and The King’s Daughters”( editada en 1656) o “Robin Hood”que brotó de añejas trovas del medievo. Por eso, no es de extrañar que una banda de Missouri continúe acarreando con la responsabilidad de custodiar ese patrimonio musical. Su puesta en escena fue admirable y enamoraron a la audiencia con su imprevisible genialidad. Mi única objeción es que yo habría evitado las piezas más rockeras-blueseras por canciones más Country. Quería que compartiesen más de ese tesoro folklórico que velan desde siglos atrás las gentes de los Ozarks. A pesar de mi subjetiva puntualización, Big Smith se coronaron como la mejor alternativa para dar por terminado un Festival que a nivel general pecó de mediocridad.

Sugeriría a los organizadores del “Country Rendez-Vous”, que en adelante prevalecieran los sonidos Country por encima de tanto exceso rockero. La Country Music puede vanagloriarse de tener un surtido inacabable de cantantes y bandas de todas clases absolutamente capacitadas para ponerse al público en el bolsillo. Por EEUU pululan cientos de artistas de Bluegrass (Steep Canyon Rangers, Chatham County Line, Trey Hensley, Dale Ann Bradley, etc...), Old-Time ( Wolfe Bros, Carolina Chocolate Drops, David Holt, Leroy Troy, etc...), Western-Swing ( The Hot Club Of Cowtown, The Cornell Hurd Band, etc...),Western (Michael Martin Murphey, Sons Of The San Joaquin, Ian Tyson, Riders In The Sky, etc...), Honky-Tonk auténtico (Brian Burns, Justin Treviño, Gary P.Nunn, etc...) o Country-Rock como Charley Daniels Band o Brooks & Dunn, además de solventes bandas de la talla de Wylie & The Wild West Show o los Bellamy Brothers.. Y para que el cartel tuviese todavia más variedad, en vez de optar por grupos rockeros (“camuflados” de country-rock), se podría contratar a conjuntos Tex-Mex como Los Bayou Seco o los Sandia Hots que también interpretan canciones country. E incluso de Cajun ( Zydeco incluido si cabe) que igualmente alegrarían la fiesta insertando temas de country music. Y ya para abrir más las posibilidades, tampoco vendría mal incorporar un grupo Rockabilly que contase con la adecuada dosis campestre. Bastaría informarse bien y tener la suficiente predisposición para enriquecer la propuesta country del Festival. Ni siquiera hace falta traer a esas “grandes estrellas” como Dierks Bentley o un George Ducas que antaño debutó con un trabajo decente y más tarde se quitó la máscara para electrizar sus presumibles cimientos Country. El catálogo de propuestas 100% Country, Tex-Mex, Cajun (Bruce Daigrepont, Jo-El Sonnier, magnolia Sisters, etc...) o Rockabilly (Matchbox, Big Sandy, etc...) es amplio. Que tome nota la organización del Festival y no tengamos que lamentar más actuaciones “engañosas”o de un nivel poco satisfactorio para el aficionado que desea escuchar Country Music. Y si a modo de suculento reclamo deciden fichar a un artista del candelero, más en la onda “Music City”, que escojan a alguno de los más pretendidos por quienes adoramos este género: Alan Jackson, George Strait, Hank Williams Jr, Hank Williams III, Kenny Chesney, etc...

A pesar de tales observaciones, acudir a este Festival ha valido la pena y se ha disfrutado de artistas con un notable talento; sobresaliente en el caso , por ejemplo, de Asleep At The Wheel o los Big Smith. Soy consciente de que este año ha sido uno de los más flojos pero si las circunstancias son óptimas, en 2009 volveré a calzarme las botas y colocarme el sombrero para viajar hasta ese bucólico rincón de L’Auvergne, en el Alto Loira.

De retorno a Barcelona, hicimos un poco de turismo y convencí a Julià para desviarnos hacia Saugues donde visitamos “Le Musée Fantastique de la Bête du Gévaudan”. Nos internamos en una especie de cueva con muñecos parlantes que reproducian las más impresionantes escenas del Expediente X sobre “La Bestia”. Salimos de aquel museo como si la nave Star Trek nos hubiera transportado al siglo XVIII. Una ambientación modesta pero conseguida que merece una visita aunque uno no siga las escalofriantes historias y misterios de Iker Jiménez.


Uno de los años en que yo y mi compañero asistimos al festival Country de Gstaad (alpes suizos), visitamos el castillo de Chillon cuyas torres son bañadas por el hermoso Lago Leman, a la altura de Montreaux. También fue idea mía, debido a mi afición por la vida y obra de Lord Byron y Percy B. Shelley, los poetas Románticos que veranearon en una mansión (propiedad del bardo cojo) lindante con las lacustres aguas. Justamente en esa casa se gestó el “Frankestein”de Mary Shelley, un monstruo mucho más humano, famoso y mediático que misteriosa“La Bestia”. Pués bien, andando por el interior, nos encontramos con los Little Texas, un claro referente para los “heavies” Whiskey Falls. De modo que cuando estaba saliendo del museo me dije: ¿ y si aparece aquel músico del washboard para comparar su guante con la garra del legendario monstruo?...Pero lo más normal es que aquellos “hillbillies” ya estuvieran volando rumbo a las Ozarks Mountains. Pués se perdieron el exquisito menú que nos despacharon en un tranquilo restaurante muy cerquita de esa localidad, contemplando bosques, prados, vacas y caballos. Porque cuando a alguien se le ocurre ubicar un Festival Country en un entorno tan bello, se antoja como algo inevitable tomarse una horas de relax y degustar su exquisita gastronomía.


En definitiva, un viaje completo que aúna tanto la pasión por la Country Music como el deleite de gozar de un paisaje y folklore inigualables.
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